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Ordena la destrucción del Parque de la Paz y la Concha Acústica

La mano del caudillo

El nuevo paisaje de la capital está dominado por sus retratos gigantes y los “árboles de la vida” diseñados por la Primera Dama.

Octavio Enríquez | 11/5/2014
@cabistan

El viejo centro de Managua, destruido en el terremoto de 1972, acaba de perder con la demolición sorpresiva del faro de la paz a uno de los símbolos del fin de la guerra civil en Nicaragua, un monumento establecido por la presidenta Violeta Barrios Chamorro (1990-1997).

Las ruinas ni siquiera son visibles porque las autoridades sandinistas de la Alcaldía de Managua ordenaron cubrir con plástico negro el frontis del parque que se inauguró en 1997 sobre la tumba de 15 mil fusiles que Chamorro enterró cinco meses después de ganar las elecciones en 1990, en uno de sus gestos más potentes para consolidar la pacificación.

La Avenida Bolívar, que termina en el Lago y está a unos pocos metros del parque La Paz,  quizás sea el espejo para ver lo que dibuja la mano del caudillo en Managua: una arboleda de lata amarilla que se extiende a lo largo de un kilómetro y que refulge en las noches por designio de la primera dama Rosario Murillo, o los rótulos un poco más allá que lo muestran a la par de los héroes de la patria: Ortega igual a Sandino, al poeta Rubén Darío o al fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca Amador.

La demolición del Faro de la Paz ordenada por Ortega fue realizada la noche del sábado tres de mayo,  después que el secretario general de la Comuna de Managua, Fidel Moreno, explicó que la estructura había sido afectada por los fuertes sismos de abril que dejaron dos muertos, provocaron daños en más de 2 mil casas según los informes oficiales y mantuvieron en vilo a la capital.

Sin embargo la credibilidad de su justificación se desplomó cuando anunció  también la demolición de la Concha Acústica, un sitio de presentación de artistas en el malecón de Managua que fue construido por el ex alcalde de Managua Herty Lewites, de origen sandinista y hasta su muerte en 2006 uno de los principales contrincantes políticos de Ortega.

Cinco días tardó la Comuna en destruir finalmente un monumento que, debido a los sismos, también había sufrido daños según las autoridades, pero el ingeniero estructural que lo construyó, Sergio Obregón, refutó los alegatos oficiales. La fortaleza de la estructura que resistió el embate de la maquinaria pesada durante varios días le dio la razón al constructor, poniendo en entredicho las verdaderas motivaciones de la alcaldía para derribarlo.

Una madre y un ex contra

Alma Nubia Valle, de 51 años y dueña de una pulpería en el barrio Batahola Sur, dice que la idea de derribar el monumento  de la Paz no le gustó. “Para nosotras (las madres) ese era el parque de la paz, al quitarlo ellos lo que están diciendo es que no debemos recordar”, dice esta mujer mientras atiende su pulpería.

Su familia perdió a tres de sus miembros en la guerra. Vivía en Terrabona, una comunidad rural de Matagalpa, cuando miró en televisión el entierro de las armas el 14 de septiembre de 1990.  Ese día, la presidenta Chamorro observaba arder la hoguera de las armas delante del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Joao Baena Soares. Vestía un traje ejecutivo rojo con centro blanco y miles de curiosos llegaron hasta ese lugar para ser testigos de la historia.

Limitada por la distancia, Valle prometió entonces que algún día llevaría a sus hijos hasta ese sitio y les contaría cómo “Doña Violeta había ganado”. Hace veinte años cumplió su palabra.

Boanerges “Pepe” Matus, ex miembro del Estado Mayor de la Contra, el bando que financiado por los Estados Unidos combatió contra el Ejército Popular Sandinista,  dijo que ese día debe recordarse junto a la entrega de las armas en San Pedro de Lóvago como uno de los más importantes para la paz.

“Ese fue  un acto increíble, llegó gente de toda Nicaragua. No solo familiares de los combatientes, sino todos los que estuvimos involucrados en las armas, ahí le entregamos todas las armas a Doña Violeta. Las armas fueron desmembradas y colocadas en el monumento de la paz”, cuenta Matus que acompañó ese día a Israel Galeano, el Comandante Franklin, al acto que recuerda ahora con sentimientos encontrados.

Por un lado, Matus dice que sintió profunda alegría, porque le permitió el reencuentro con su familia, pero igual le produce nostalgia  el recuerdo de sus amigos que murieron sin ver el fin del conflicto.

El arquitecto que diseñó el faro

Nelson Brown cuenta orgulloso que su padre (Nelson Beown Barquero) erigió el faro como parte de un concurso promovido por la Presidencia y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tuvo un costo aproximado de 1.2 millones de dólares y se hizo sobre la tumba de las armas enterradas en 1990. Se inauguró el nueve de diciembre de 1997.

“El faro al igual que es la luz que guía a los navegantes, es la luz que nos guía a los nicaragüenses hacia la paz”, agregó Brown que explicó que estaba construido de concreto monolítico, con anillos estructurales de acero y bajo estrictas normas de construcción.

El periodista cultural Julio León Báez mantiene que en el sitio había unos búhos esculpidos por el maestro Orlando Sobalvarro y habrá que preguntarse qué pasará con ellos.

“Queda todo el entorno del parque donde están las esculturas de Sobalvarro. Es un mural en alto relieve titulado vigilemos la paz, que como dijo en su momento el maestro contiene elementos de la nicaragüanidad como el búho al cual Rubén Darío le cantó y que viene a representar la vigilancia. Luego está el árbol que representa la naturaleza y los ángeles que representan la paz y que son elementos del trabajo del maestro”, recordó Báez.

El mayor general en retiro Manuel Salvatierra, que se desempeñaba como jefe de la Fuerza Aérea del Ejército Popular Sandinista, asegura en cambio que nunca consideró que ese monumento tuviera relevancia, aunque reconoce que era el reflejo de la voluntad de Chamorro por la paz.

“Yo lo miraba soso, sin gusto y sin gracia (el monumento). Levantar algo en función de la paz podría haber sido algo más majestuoso, siempre lo vi como una cosa que nadie llegaba desde el punto de vista estético. Debería haber algo que nos hiciera recordar a los nicaragüenses que el camino es el de la paz y no el de la guerra. No sé si el faro logró en algún momento llegar a significar eso, creo que quedó en la mente de muy pocas personas”, dice Salvatierra.

Y se acuerda que el proceso de paz fue duro, que había muchas desconfianzas. La historia de los monumentos borrados por rivalidad política, tiene antecedentes con el mismo Ortega que mandó a destruir la fuente bailarina construida bajo la administración de Arnoldo Alemán (1997-2001) en una plaza que primero fue de la república y después de la revolución.

Alemán, un personaje mejor recordado por sus actos de corrupción, también ordenó borrar murales de artistas que fueron pintados durante la década de la revolución, un vicio que se repite, la orden que busca borrar el pasado a su favor.

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