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XXXV-19

¿Oligarcas revolucionarios?

Repensando la participación de la élite conservadora en la Revolución Sandinista

Michel Gobat | 24/3/2014

El centro de atención de esta ponencia es el papel que jugaron miembros de familias pertenecientes a la élite conservadora en la Revolución Sandinista. Este tema forma parte de la lucha por la memoria histórica de la revolución que los nicaragüenses están librando hoy en día.

Desde su triunfo en 1979, la Revolución Sandinista llamó la atención de los analistas extranjeros por el apoyo que recibió de parte de numerosos miembros de la élite nicaragüense. Por supuesto, ésta no era la primera vez que las élites latinoamericanas apoyaban un cambio revolucionario. Sin embargo, desde el giro de la Revolución Cubana hacia el comunismo, tendieron a oponerse a los movimientos revolucionarios de inspiración marxista, como el FSLN. Este antagonismo se expresó con mayor violencia en América Central, una región caracterizada por extremas asimetrías sociales.

Por lo tanto, muchos académicos se preguntaron por qué tantos miembros de la élite nicaragüense participaron en la Revolución Sandinista—uno de los procesos sociales más radicales de América Latina. Sin embargo, el principal foco de atención en estos estudios fue la élite de origen más reciente, cuyos miembros tendían a ser liberales antisomocistas. Esta élite liberal apoyó el triunfo de la revolución; no obstante, unos años después muchos se voltearon en contra de la misma.

No fue sino hasta la publicación de un artículo de Carlos Vilas en 1992 que se reveló la participación importante de la élite conservadora en el proceso revolucionario. El artículo se titula “Asuntos de familia: Clases, linajes y política en la Nicaragua contemporánea;” salió primero en la revista británica Journal of Latin American Studies y después, en una versión ligeramente diferente, en la revista argentina Desarrollo Económico.  

El artículo muestra como muchos individuos provenientes de familias de la élite conservadora, tales como los Cuadra, Chamorro, Cardenal, Vivas, Argüello, y Lacayo, ocuparon puestos altos tanto en el Ejército Popular Sandinista (EPS) como en el gobierno sandinista, incluso en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA).

Ciertamente, en su mayoría eran muy jóvenes cuando triunfó la revolución en 1979. Quizás el más famoso de estos “muchachos” sea el general Joaquín Cuadra Lacayo (nacido en 1951), Jefe del Estado Mayor del EPS durante la década de 1980. Sin embargo, otros pertenecían a una generación anterior, entre ellos el padre de Cuadra Lacayo, Joaquín Cuadra Chamorro.

Estos miembros de la élite, de mayor edad, ocuparon puestos relevantes en el régimen sandinista, a la cabeza de los ministerios de Finanzas, Comercio Interior, Comercio Exterior, Industria, Presupuesto y Planificación, Cultura, y Educación, así como en la presidencia del Banco Central, el Banco Nacional de Desarrollo, y la Corte Suprema de Justicia. Además, otros descendientes de la élite conservadora ocuparon los cargos de viceministros del interior, finanzas, relaciones exteriores, y MIDINRA.

Vilas subrayó que muchos de estos individuos permanecieron en sus puestos durante toda la década de 1980. Por tanto, a diferencia de otros académicos, Vilas mostró que un sector importante de la élite nicaragüense apoyó la revolución hasta su amargo final.

El artículo de Vilas también cuestionó la manera cómo los ideólogos sandinistas definieron la llamada burguesía patriótica. En gran medida, imaginaban que esta burguesía estaba compuesta por medianos capitalistas mestizos de origen plebeyo o, como se decía entonces, de origen chapiollo. Por eso, a la burguesía patriótica también se le denominaba “burguesía chapiolla”. Sin embargo, el artículo de Vilas sugirió que, en la práctica, los sandinistas construyeron su “burguesía patriótica” no tanto con los llamados chapiollos sino con su antítesis: nicaragüenses identificados como miembros de  la oligarquía conservadora.

Estos “oligarcas” ¿fueron revolucionarios? El artículo de Vilas sugiere que éste no fue el caso. Por un lado, enfatiza que muchos apoyaron la revolución principalmente para proteger los “asuntos de familias.” Por otro lado, sostiene que la presencia de estos individuos en el gobierno revolucionario contribuyó “a la reproducción en las empresas del Estado, en la reforma agraria (...) de los estilos y criterios tradicionales de autoridad y mando, situación que condujo a enfrentamientos y conflictos con las demandas de participación de los trabajadores, campesinos, comunidades indígenas.” En otras palabras, según Vilas, los “oligarcas revolucionarios” trataron de reforzar estructuras tradicionales en vez de promover una revolución popular.

El artículo de Vilas tuvo gran influencia en la manera en que definí la investigación para mi tesis doctoral, cuyo objetivo fue examinar la participación de la élite nicaragüense en la Revolución Sandinista. Mi intención era de dar una perspectiva multifacética basada en la historia de una región específica, tal como Jeffrey Gould lo hizo con su libro sobre el movimiento campesino de Chinandega (To Lead as Equals: Rural Protest and Political Consciousness in Chinandega, Nicaragua, 1912-1979).

Tanto el artículo de Vilas como la existencia de documentos históricos en la alcaldía de Granada (que ahora están en el Archivo Histórico Municipal de Granada, ubicado en la Casa de los Tres Mundos) me empujaron a enfocar mi investigación en la región de Granada, la cuna histórica de la oligarquía conservadora. Logré recopilar muchos datos sobre el papel que la élite granadina jugó en los orígenes y el proceso de la Revolución Sandinista. Pero encontré también mucha información sobre el impacto de la ocupación norteamericana (1912-33), por lo que terminé escribiendo mi tesis sobre la misma.

Sin embargo, no abandoné completamente el tema de la revolución. De hecho, en el epílogo del libro que resultó de la tesis (Enfrentando el sueño americano: Nicaragua bajo el dominio imperial de Estados Unidos), procuré relacionar mis conclusiones sobre el impacto de la ocupación en la elite granadina con el papel que sus descendientes jugaron en la revolución. Volveré a este tema al final de este texto.

Por el momento, quiero dar un paso atrás y describir brevemente la lucha por la memoria de la Revolución Sandinista. Los antisandinistas fueron los que iniciaron esta lucha después de la derrota del FSLN en las elecciones de 1990. Su objetivo era purgar al Estado de todo vestigio de la revolución.

Pero éste fue también el momento en que muchos sandinistas empezaron a hablar sobre los errores de la revolución. Quizás el foro más importante para este debate fue Barricada, el periódico sandinista que todavía tenía a Carlos Fernando Chamorro como su director. El debate que se libró en Barricada en los años 1990-94 era impresionante, sobre todo en cuanto a los artículos relativos a la reforma agraria.

Sin embargo, me llamó la atención de que casi no se discutía un tema central: el papel que la élite prosandinista jugó en el proceso revolucionario. Que yo sepa, el artículo de Carlos Vilas tuvo poca resonancia en Nicaragua, por lo menos inicialmente. Conozco sólo un artículo que retomó el argumento de Vilas, publicado por Darwin Granda en El Semanario en septiembre de 1994 bajo el título “La contrareforma agraria en apogeo: Los nuevos terratenientes.” En este artículo, Granda sostuvo que la reforma agraria sandinista no fue más que una restauración oligárquica, pues benefició principalmente a los terratenientes conservadores.

Esta interpretación no es correcta, pues incluso en Granada la movilización campesina garantizó que el ímpetu global de la reforma agraria fuese de carácter antioligárquico. No obstante, algunos oligarcas conservadores obtuvieron beneficios económicos del régimen sandinista, en especial, de su reforma agraria. Aparte de proteger sus propiedades, el estado les ofreció cuantiosa asistencia económica, en particular bajo la forma de crédito agrícola subsidiado.

El debate público sobre la participación de miembros de la oligarquía conservadora en la revolución no surgió hasta después. El tema se convirtió en un aspecto muy importante en la pugna interna por la memoria histórica de la revolución en el propio seno del movimiento sandinista, sobre todo entre simpatizantes de Daniel Ortega y los disidentes sandinistas que abandonaron el FSLN.

Esta pugna empezó en 1994-95, cuando el movimiento sandinista sufrió una importante división. En 1999-2000, la lucha escaló después de que el FSLN, bajo el liderazgo de Daniel Ortega, forjara un pacto político con el presidente Arnoldo Alemán y su Partido Liberal Constitucionalista.

La lucha por la memoria sandinista tiene muchos ángulos. Sin embargo, un tema clave se refiere a la participación de miembros de la élite conservadora en el proceso revolucionario. Este es un tema planteado por los seguidores de Daniel Ortega, quienes repitieron el argumento de Carlos Vilas.

El proponente más destacado de este argumento es Orlando Núñez Soto, quien publicó un libro titulado La oligarquía en Nicaragua. No fue mera coincidencia que el libro saliera en la víspera de las elecciones de 2006, cuyo resultado fue el retorno de Ortega a la presidencia. En su libro, Núñez hizo hincapié en la forma en que muchos “oligarcas” conservadores se beneficiaron de la revolución, y cómo después de la derrota electoral de 1990, casi todos se fueron del FSLN para ingresar en el MRS (Movimiento Renovador Sandinista), que se fundó en 1995.

Núñez y otros sandinistas del mismo parecer hicieron este ataque en contra de los oligarcas revolucionarios por dos razones principales. Primero, deseaban deslegitimizar a destacados disidentes sandinistas aduciendo que muchos eran de origen oligárquico y, por lo tanto, no representaban la voluntad de las bases sandinistas.

Segundo, los simpatizantes de Ortega querían culpar a estos miembros de la élite de las deficiencias obvias de la Revolución Sandinista por la función que desempeñaron durante el régimen revolucionario. Además, como la mayoría de estos “oligarcas” dejó el FSLN en los años noventa, los seguidores de Ortega podían afirmar que el segundo gobierno sandinista iba a cumplirle al pueblo algunas de las principales promesas de la revolución original.

Como era de esperar, este ataque llevó a unos disidentes sandinistas como el poeta Ernesto Cardenal y su hermano Fernando, ambos ministros del gobierno revolucionario, a defenderse (véanse sus memorias La revolución perdida y Sacerdote en la revolución). Obviamente disidentes sandinistas como los Cardenal no negaron la acusación de ser  descendientes de oligarcas conservadores, ni de haber desempeñado una función clave en el gobierno revolucionario.

Sin embargo, rechazaron tajantemente la afirmación de que frustraron el proceso revolucionario, y argumentaron que su origen de élite no les llevó a aprovecharse del triunfo revolucionario de 1979 para restaurar a la oligarquía. Estos disidentes sandinistas insistieron más bien en que fueron genuinos revolucionarios, y muchos adujeron que sus creencias religiosas los empujaron a apoyar una revolución social de esa magnitud.

Ahora permítanme volver a mi investigación sobre la historia de la élite conservadora de Granada. Más que todo, mi investigación me llevó a dudar de la tesis de Vilas, que reducía la participación de la élite conservadora en la revolución sandinista al oportunismo y a los lazos familiares.

Eso no quiere decir que el oportunismo político no hubiera contribuido a empujar a “oligarcas” y revolucionarios a unir fuerzas en una coyuntura decisiva. Mientras el FSLN procuró capitalizar la pericia técnica y financiera de miembros de la élite conservadora, así como sus vínculos internacionales y recursos económicos, los conservadores esperaban aprovechar el estado sandinista para defender sus intereses personales frente a la agitación revolucionaria.

Sin embargo, parece también que un sector de la élite conservadora compartía cierta afinidad ideológica con los sandinistas—y que esta afinidad tenía alguna relación con el impacto que tuvo la ocupación norteamericana en la élite conservadora.

Por lo tanto, en mi libro sobre la ocupación norteamericana traté de establecer la relación entre la transformación ideológica que experimentó la oligarquía conservadora de Granada durante los años 1920-30 y la ideología que pudiera haber llevado a sus descendientes a apoyar el proceso revolucionario de los años ochenta. En particular, vinculé el llamado espíritu antiburgués desarrollado por los oligarcas conservadores durante la ocupación con la visión ideológica de sus descendientes que apoyaron la revolución sandinista.

Por supuesto que este vínculo no es muy nítido, puesto que la élite conservadora cambió significativamente entre los años 1920 y 1970. Aún así, parece que algunos principios claves del “espíritu antiburgués” permanecieron intactos, tales como la valorización de sentimientos anticapitalistas arraigados en el pensamiento social católico, de formas corporativistas de gobierno, y de un nacionalismo de bases agrarias construido en oposición no sólo al dominio norteamericano sino también a la americanización de la cultura y sociedad nicaragüense.

¿Cómo se reprodujo el “espíritu antiburgués” a través de dos sucesivas generaciones de élites conservadoras? Esta continúa siendo una pregunta abierta al debate. Según mi parecer, su transmisión se verificó, en gran medida, a través de instituciones cívicas, tales como el Colegio Centroamérica, dirigido por los Jesuitas (principal centro de educación secundaria de Nicaragua), la Acción Católica (organización de proyección social de la Iglesia Católica), y la Juventud Conservadora (organización juvenil del Partido Conservador). Por otra parte, el “espíritu antiburgués” inspiraba las revistas conservadoras más importantes, como los Cuadernos del Taller San Lucas y la Revista Conservadora, así como La Prensa, el principal periódico antisomocista del país.

En su conjunto, estos espacios parecen haber contribuido a transmitir el reformismo social católico y el antiamericanismo de los primeros conservadores “antiburgueses” a los jóvenes oligarcas conservadores que llegaron a la madurez bajo la prolongada dictadura somocista y se convirtieron en partidarios de la Revolución Sandinista.

Sin embargo, dada la falta de estudios empíricos, quedan abiertas preguntas fundamentales relativas a la participación de la élite conservadora en el proceso revolucionario. Ojalá que futuras investigaciones sobre esta participación logren captar las tensiones y ambigüedades que marcaron el proceso revolucionario y, por lo tanto, le dé más sentido a los sueños rotos de la revolución

*Profesor de historia en la Universidad de Iowa. Autor del libro Enfrentando el sueño americano: Nicaragua bajo el dominio imperial de Estados Unidos, (IHNCA, 2010).

Ponencia presentada en la conferencia Archiving  the Central American Revolutions”,  organizado por el  Centro de Estudios Latinoamericanos (LILLAS) de la Universidad de Texas en Austin , el 19 de Febrero 2014.

Comentarios

5
Luis

Que se esta tratando de probar? Cuales son las lecciones?

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Leonel A. Marin Mc Ewan

En la decada de los 80, Nicaragua producia y exportaba pobremente, ya que se destruyo la economia Agricola y Pecuaria del pais. Tambien es falso que la Reforma agraria sandinista entrego tierras a 120 mil familias. Todo se estatizo, el campesino cambio de dueño: de privado a estatal en las peores condiciones. Existe confusion sobre lo que constituye una reforma agraria y su sentido varia de pais a pais, de escritor a escritor, de periodo a periodo. A veces la literatura hace una distincion entre la reforma de la Tierra (land reform) y reforma agraria (agrarian reform). Durante la revolucion sandinista se confisco a pequeños, medianos y grandes productores. La reforma Agraria se enfoco en lo estatal. La explotacion del hombre sobre el Estado sustituyo a la del hombre por el hombre. Los altos jerarcas del F$LN son terratenientes, y latifundistas.

3
Hugo Rodriguez

No es correcto afirmar que existió "un espíritu antiburgués" entre la oligarquía conservadora nica, lo que existió fue un antisomocismo que la oligarquía, por su primitivismo político y falta de visión nunca supo cómo canalizar, fueron sus descendientes quienes en el proceso de educación fueron adquiriendo ciertos rudimentos teóricos que se cruzó con una toma de conciencia social y cuando esta situación estuvo a punto de desembocar en la toma del poder arrastró a una buena parte de la oligarquía que vio de esa manera la posibilidad de no quedarse al margen del derrocamiento de la dictadura somocista, de ahí que ya en el poder rodearon y acuerparon al liderazgo sandinista y este se dejó seducir, pero no fue determinante para frenar los cambios estructurales que la revolución se había propuesto impulsar; lo que frenó ese proceso fueron los propios complejos y resabios de los dirigentes que los llevó a improvisar constantemente y a manejar un discurso ambiguo, por un lado estaban claros que la alternativa real que la revolución tenía era impulsar un proceso socialista pero democrático, pero a la vez tenían vergüenza de no encarar esta realidad frente a los aliados cubanos y soviéticos y frente al resto del movimientos revolucionarios, ante quienes les daba terror que les insinuaran que estaban traicionando el proceso. Esa actitud vergonzante impidió encarar la guerra de Reagan con realismo político.

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Das Gespenst

El objetivo de la mayoría de los miembros de la oligarquía conservadora en la RPS fue detener la revolución desde adentro, fue intercambiar sus conocimientos, influencias etc., por la paralización de la revolución con argumentos de toda índole, como por ejemplo que no se podía hacer la reforma agraria solo entregando tierras, sino que había que entregar insumos, maquinaria, financiamiento, conocimiento técnico etc. Y como no se tenía recursos para dar todo eso, en el impasse se le dio el campo a la contrarrevolución para que se organizara en los sectores más atrasados del campesinado, y el espacio que no cubrió la revolución lo cubrió la contra. Aunque se demandara la reforma agraria por el campesinado, esta era paralizada por los oligarcas con este tipo de argumentos entre otros. Y hay un montón de ejemplos más y el más importante en la actualidad es que la oligarquía hizo miembro de esta, aunque de mala gana y posiblemente de una forma temporal, a Daniel Ortega y su círculo de hierro. Resumiendo el trabajo de caballo de Troya de la mayoría de los oligarcas en el gobierno sandinista, de la mayoría de los militantes del FSLN de origen oligárquico, contribuyo a la derrota de la Revolución Popular Sandinista, la revolución venia con el cáncer terminal oligárquico en su seno y los sectores revolucionarios en el FSLN fueron derrotados por los oligarcas.

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Mildred Largaespada

Excelente, te felicito por el planteamiento Michel Gobat. Coincido en tu análisis, que también noté en el voluntarioso libro de Núñez. Pienso esto sí: el imaginario popular sobre la burguesía en Nicaragua exagera sus rasgos, y si le cruzamos un poquito de Pierre Bourdieu, su capital simbólico es bastante ralo. Pienso que los y las intelectuales nicaragüenses ayudaron a inflar ese imaginario, cuando no era exacto. ¿Estás de acuerdo?

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