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¿Por qué leer a Philip Roth?

La obra de Roth sabe ser consecuente con su tiempo y con las circunstancias que le tocaron vivir

Gonzalo Mas | 10/12/2013

"Me casé con un comunista" y "La Contravida" son dos novelas muy características en la obra de Philip Roth.

“La contravida” es una novela donde los personajes se intercambian y el lector no sabe a lo que atenerse. Roth en este libro trata de experimentar con el fondo, con la forma y con los puntos de vista narrativos sin, por ello, renunciar a sus temas habituales: las relaciones paterno-filiales, el sexo, el judaísmo y el antisemitismo.

“Me Casé con un comunista” trata de un célebre actor de un programa radiofónico que cae en desgracia y es despedido tras aparecer en varias listas de sospechosos de pertenecer al Partido Comunista. El libro habla del compromiso y de la coherencia personal. Como telón de fondo se nos muestra  la sociedad norteamericana: Sus contradicciones y la vida de una población que no sabe cuál es la naturaleza verdadera de su país, que sólo desea vivir en paz y liberarse por fin de un miedo indeterminado.

Philip Roth es probablemente el autor más presente en mi biblioteca. Por eso mis conocidos se extrañan de que aún no haya escrito un artículo recomendándole. Lo cierto es que después de preguntarme  a mí mismo por qué habría que leerle, sorprendentemente,  han llegado a mi cabeza varios motivos por los que desaconsejar su lectura.

En primero lugar, Philip Roth adolece de originalidad. En el museo Thyssen Bornemisza de Madrid se expone el cuadro “Habitación de hotel”. Fue pintado en el siglo XX por el estadounidense Edward Hopper. En él se va a una mujer sentada en una cama. Lo confortable de la habitación demuestra que los problemas de la joven (reflejados en el gesto de tristeza, nostalgia y vacío de su rostro), no se deben a carencias materiales. La obra pictórica de Hopper, como la literaria de Roth, habla de los problemas recientes de la población de los países más desarrollados económicamente: La abundancia puede llevar a la falta de motivos reales por los que luchar y vivir. La abundancia nos puede llevar al vacío existencial.

Un amigo mío austriaco tiene una teoría. Afirma que los autores estadounidenses se limitan a agarrar las ideas de las grandes novelas europeas y transformarlas en sencillas novelas que no requieren esfuerzo alguno para el lector: Mi amigo dice que el realismo sucio de Charles Bukowski, por ejemplo, había sido creado por el noruego Knut Hamsun en su novela del siglo XIX “Hambre”.

Al margen de mi opinión sobre la idea de mi amigo, pienso que efectivamente el vació reflejado en las obras de Roth está presente en novelas anteriores (Sarte y Malraux ya habían hablado tanto de ese  vacío como de la falta de razón para existir en el hombre).

Su falta de originalidad no es mi única crítica: Philip Roth es, de alguna manera, intranscendente.  Yo siempre traté de tener una vida intensa y plena.  Por eso es fácil entender que, en lo que a literatura se refiere, yo busque lo trascendental. Leo los escritores cuya obra ha cambiado la humanidad. Me interesan los autores como García Márquez, quien  varió para siempre el rumbo de la novela. Me pregunto ahora: ¿Podemos decir que, en la literatura, hay un antes y un después a Philip Roth? La respuesta, me temo, es que no.

Yo siempre admiré a Roth. Estas nuevas dudas hacia él me hacen sentir como un niño que acaba de descubrir que Papá Noel no existe. Me pregunto pues: ¿Es lícito relegar a Philip Roth a la categoría de escritor de segunda?

Antes de contestar a esta pregunta, permítanme analizar los efectos de mi búsqueda personal de plenitud que mencionaba anteriormente.  Durante mis primeros  años como adulto empecé a  trabajar. Cuidaba mi cuerpo ejercitándolo de tres a cuatro veces a la semana. A la vez,  leía literatura todos los días durante una hora. Buscando ser solidario empecé a colaborar muy activamente con una asociación sin ánimo de lucro. Luego decidí que me debía a mí mismo desarrollar la que fue mi pasión de infancia, la pintura, tomando clases varias veces a la semana. Por último, buscando mantener mis finanzas, me compré y amueblé una casa.  También comencé a aprender idiomas… Y por fin conseguí tener "una vida plena".

¿Era mi nuevo estilo de vida satisfactorio? A parte de plena, mi nueva existencia era tan estresante que yo vivía inmerso en una especie de niebla que me alejaba del presente. Esto me impedía tener  contacto alguno con el aquí y el ahora. Estaba tan exhausto que no disfrutaba de nada.

El protagonista de la novela de Philip Roth  “Mi vida como hombre”  vivía felizmente entregado a la literatura. Había llenado su imaginación con la mejor literatura universal y a causa de ello buscaba una existencia especialmente grave. Cuando por fin la encuentra en los brazos de una mujer, esa existencia se convierte en una ridícula pesadilla.

La temática de Philip Roth es intrascendente de manera deliberada: Hace falta ser brillante para entender y aceptar hasta las últimas consecuencias que somos imperfectos y limitados. Hace falta ser valiente  para comprender que tratar de llenar de manera artificiosa nuestra existencia es absurdo.

Roth es el representante de una generación algo indefinida.

Su generación tuvo la suerte de no tener que vivir, en su etapa adulta, ni guerra ni ningún otro evento negativo que les marcara. Eso tiene un precio: la banalidad. Y tal vez son los artistas de esa generación los que lo pagan.

La obra  de Roth sabe ser consecuente con su tiempo y con las circunstancias que le tocaron vivir. Él no tiene "delirios de grandeza". No pretende  engañar a nadie intentado ser quien no es. Si Philip Roth hubiera vivido un momento histórico de mayor interés hubiera quizás escrito novelas de la altura del mismísimo “Quijote”, porque talento no le falta. Pero que  no le engañe su modestia, sin duda, Philip Roth es uno de los grandes.

Comentarios

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Viterbo Céspedes

No tengo un criterio sobre Philip Rhoth , ya que no lo he leído, y reconozco que ello es algo imperdonable cuando uno ama la lectura y quiere llegar a ser un buen lector, sabiendo la clase y calidad de Roth, quien sigue siendo candidato al nobel de literatura.
Espero leerlo en 2014 pues ya tengo otros autores en lista para fin de año. Como dicen, "tengo la agenda copada". Pero no bastan las disculpas. Cuando se trata de cultura y conocimiento debemos dejar las disculpas a un lado.

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