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¿Por qué leer a Joyce Carol Oates?

Los de Oates son libros muy fuertes, muchas veces violentos, pero profundamente entrañables, que desnudan sin eufemismos nuestra condición humana

Carlos Salinas Maldonado | 9/10/2013
@CSMaldonado

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  • "Mamá", de Joyce Carol Oates

    Descargue en PDF las primeras páginas de la novela de Oates.
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Las grandes casas de apuestas acaparan estos días la atención de la prensa. Es la llamada semana del Nobel, y desde los días previos esas casas de apuestas presentan listas de escritores que este año podrían ganar el ansiado galardón de Literatura. Una de las que más suena en la quinielas es la estadounidense Joyce Carol Oates (Lockport, New York, 1938), autora de novelas tan entrañables como la biografía literaria de Marilyn Monroe, “Blonde”.

Este jueves la Academia Sueca anunciará al ganador del Nobel de Literatura. Los académicos previamente informaron a través de la cuenta oficial de la institución en Twitter, que habían seleccionado a cinco finalistas, aunque no dieron los nombres ni pistas que permitan especular sobre los autores escogidos. Sin embargo, muchos señalan a Oates como una fuerte candidata. Se trata, según los críticos literarios, de “una de las grandes figuras de la literatura contemporánea estadounidense”.  Y de una mujer, lo que juega a favor y en contra de ella: muchos acusan a los académicos de falocráticos, y los números lo demuestran, porque a lo largo de la historia del Nobel de Literatura sólo 12 galardones han caído en manos de mujeres. Eso, sin embargo, también puede ser un punto positivo para una escritora, como una deuda que la Academia debe saldar.

Especulaciones aparte, debo decir que me encantaría que Oates gane el Nobel de Literatura. Se trata de una de mis escritoras favoritas, a cuyos pies he caído rendido. Me topé con su obra en un momento emocionalmente difícil: hacía poco había muerto mi madre y paseándome por una librería de Managua tomé de uno de los estantes la novela “Mamá”, de Oates.

I. La madre perdida

El libro estaba sellado con plástico, pero bastó leer la contraportada para saber que ese era el que debía comprar. Lo llevé a casa e inmediatamente me senté a leerlo. La historia me atrapó a un punto obsesivo: Una joven vive su vida al margen de los dogmas sociales, intentando revelarse de eso que supone debe ser una mujer, despertando incluso reproches por parte de su madre. Es económicamente independiente y sexualmente liberada. Lleva el cabello corto y teñido en colores inoportunos, usa tatuajes, viste como una hippie y se acuesta con hombres mayores, casados. Es la historia de la hija que se enfrenta a su madre, que no quiere ser como se espera que sea. Hasta que la pierde. Un día la joven se encuentra a su mamá agonizando en la cochera, sin poder hacer nada. Entonces comienza su reunión con la madre perdida (de hecho, la novela en inglés se titula “Missing Mom”) y su reencuentro como hija en el doloroso proceso de esclarecer la muerte de su mamá. “Algo se quebró y empezó a sangrar en mi pecho cuando me incliné sobre mi madre, cuando vi a mi madre de aquel modo. A ti también te ocurrirá, de una forma única. No lo tendrás previsto, no puedes prepararte para ello y no puedes escapar de ello. La hemorragia no cesará en mucho tiempo”, dice, en la novela, Nikki, la protagonista principal. Yo sentía lo mismo.

La pérdida de la madre es algo que golpea toda tu existencia. Es el fin inevitable con el origen de tu vida. Es el inicio de un viaje de soledad. Leer sobre ese dolor tan profundo ayuda un poco a entenderlo y asimilarlo, a superar la angustia de sentirte huérfano. Le agradezco a Oates por eso.

II. Renunciar a la vida

Tras el interés que me despertó esa novela busqué otros libros de Oates. A un amigo que viajaba al exterior le encargué “Faithless. Tales of transgresssion”, que según había leído, es considerado el mejor libro de cuentos de la escritora. Me llamó la atención que el tema de la pérdida de los padres volvía a estar presente en el primer cuento, “Au Sable”, pero en una forma de suspenso: Una tarde tranquila de agosto el teléfono suena y Mitchell lo contesta. Es su suegro, que llama para despedirse. La esposa de Mitchell no está en casa, pero el suegro le dice que mejor, que es con él que quería hablar. Le cuenta que se llevó a su mujer, gravemente enferma, a una casa de campo, alejada, sin comunicación, y les llama para decirles que no los molesten, que estarán bien. “Hemos tomado una decisión, no hay discusión. Estoy feliz de haber hablado contigo. Prepara a Elizabeth (su hija, la esposa de Mitchell) de la mejor manera que creas, ¿está bien?”. Y colgó el teléfono. El cuento narra la angustia de un hombre que en realidad desprecia a su suegro, pero que se ve en la incómoda situación de comprenderlo ante la enfermedad de su mujer, la madre de Elizabeth, y de preparar a ésta para la decisión que sus padres tomaron: prácticamente renunciar a la vida.

III. La muñeca de todos

Más tarde compré “Blonde”, la faraónica biografía literaria (cuenta con casi mil páginas) que Oates escribió sobre el icono estadounidense por excelencia: Marilyn Monroe. Es una novela que me indignó desde la primera página: la historia de una pobre niña que sufrió una infancia desgraciada al lado de una madre desquiciada, creciendo entre drogas, sexo malogrado y la violencia de Los Ángeles. Más tarde el sometimiento a un esposo que la veía como un simple objeto de desfogue sexual y, peor aun, convertida luego en la muñeca de deseo de todo una nación, la mujer por la que millones de hombres se masturbaban en Estados Unidos. Monroe fue una mujer desgraciada, usada, manipulada. Ella soñaba con la gloria, pero lo que más deseaba era ser, por una vez en la vida, amada. La novela de Oates es muy humana, un retrato sensible de nuestras miserias.

¿Se acuerdan de aquella escena famosa de Monroe intentado ajustarse el vestido blanco, levantado por el aire del metro en Nueva York? Oates describe aquella escena de la filmación de una película como un pandemónium: equipo de grabación por todas lados, el tráfico detenido, centenares de curiosos, la mayoría hombres, asomándose al lugar, babeándose por la joven rubia, acondicionada, pulcramente adornada, para la ocasión. Entre los mirones, su esposo, el beisbolista Joe Dimaggio:

“Ahora se rodea con los brazos por debajo de los generosos pechos. Sus párpados aletean. Es evidente que tiene el coño limpio. No es una chica sucia, nada extranjero ni exótico. Es un tajo estadounidense en la carne. Aquel vacío. Garantizado. La han mondado y deshuesado hasta dejarla limpia, no quedan cicatrices que estropeen el placer, ningún dolor. Sobre todo ningún olor. La Chica Sin Nombre, la chica sin ningún recuerdo. No ha vivido mucho y vivirá poco. ¡Ámenme! ¡No me peguen! (…) Pero sus manos, las manos del marido, saltan hacia delante. Las dos manos. Los dos puños. Son manos grandes, manos de deportista, manos con mucha práctica, manos con una fina capa de vello en el dorso. Porque ella se resiste. Lo desafía. Esconde la cara ante la injusticia de los puñetazos. -¡Puta! ¿Estás orgullosa? ¡Enseñar el coño de aquella manera, en la calle! ¡Mi mujer! Y lanzó a la Chica Sin Nombre contra la pared forrada de seda con el impulso del último puñetazo, dulce como una carrera de béisbol”.

Los de Oates son, sin duda, libros muy fuertes, muchas veces violentos, pero profundamente entrañables, que desnudan sin eufemismos nuestra condición humana. Cada uno de los que he leído, los he gozado. Pero hay que tener paciencia para leerla, para entregarse a sus obras, para entenderlas. Vale la pena. Oates nos ayuda a entendernos, o al menos eso es lo que he sentido al leerla. No sé si la Academia le dará el Nobel de Literatura, pero sinceramente espero que las casas de apuestas acierten.

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Nota al pie:

No, estimados lectores, los académicos suecos no premiaron a Oates, pero mantengo mi recomendación de que la lean. Sí premiaron a una mujer: la canadiense Alice Munro. Reconozco que no he leído nada de ella. Habrá que hacerlo. Para comenzar, acá les dejo una narración de la nuevo Nobel en la que cuenta una experiencia personal que le ocurrió cuando tenía diez años:

----> El texto fue publicado por The Telegraph.

Comentarios

1
angel

inquietante, interesante y enhorabuena! donde podre encontrar esa maravillosa obra?

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