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La erosión en nuestros lagos y el río San Juan

Nicaragua no puede seguir descapitalizándose del activo ambiental más valioso que posee para su desarrollo y supervivencia

Salvador Montenegro Guillén | 4/9/2013

Los sedimentos que llegan a los cuerpos de agua  han aparecido en los últimos años como expresión de graves problemas ambientales nacionales.    Han sido noticia de primera plana en el recurrente conflicto entre Nicaragua y Costa Rica por el impacto causado sobre el Río San Juan, azolvando  la Bahía Harbour Head, modificando referencias geográficas y enfrentando naciones y países,  especialmente porque además de su abundancia, contienen residuos de plaguicidas y otros tóxicos que degradan este magnífico río nicaragüense,  el cual transporta de regreso al vecino país una porción de dichos venenos al cruzar la frontera y convertirse en el Río Colorado.     En el Gran Lago Cocibolca, su copiosa y constante llegada, amenaza con limitar y hasta impedir  proyectos de importancia para la economía de nuestro país.  En el Lago Xolotlán, han  trastornado profundamente  la ecología lacustre al incrementar la opacidad del agua.  En el Lago Apanás, redujeron  la  capacidad de almacenamiento, ergo  la utilidad para la generación hidroeléctrica, su destino.

Curiosamente al pensar en sedimentos olvidamos que no son un problema independiente, sino un resultado forzoso  del proceso de erosión artificialmente acentuado, que a su vez se origina en la brutal deforestación y cambio de usos de los suelos con vocación forestal.    La deforestación multicausal que continúa  avanzando a nivel nacional con tasa superior a 77 000 hectáreas anuales –según cifras oficiales- no solamente destruye para siempre los bosques primarios, sino su diversidad biológica –fauna y flora-  que solamente puede existir en esos ecosistemas en los que evolucionó,  reduciendo  además la capacidad de infiltración del agua y recarga de los acuíferos, desertificando progresivamente a Nicaragua.  A  la vez, la degradación de la naturaleza es interdependiente con el agudo empobrecimiento  humano, al perderse opciones para el desarrollo socio económico.   Es un proceso destructivamente complejo que Nicaragua tiene que atender y resolver, y en el que también nuestros vecinos del sur deben asumir su responsabilidad y reducir el significativo aporte erosivo que hacen a la cuenca binacional.  ¡No podemos seguir recibiendo la devolución de Guanacaste en forma de sedimentos!

Este año, el Banco Mundial publicó el estudio “Prioridades de Política e Inversión para reducir la degradación ambiental de la cuenca del Lago de Nicaragua”,   que describe una situación de “severa erosión en la subcuenca hídrica del Gran Lago Cocibolca ”, el cual según dicho estudio recibe en promedio 18 millones de toneladas de sedimentos al año,  unas 50 mil toneladas diarias.  “ A una tasa anual promedio para toda la cuenca del orden de 13.3 toneladas por hectárea, las cargas de sedimento son altas…”  si extrapolamos esta tasa calculada para la subcuenca del Cocibolca (cuya extensión es de 23 545.81 km2),  a la cuenca hídrica No.69 completa (42 035.58 km2) en razón a que las condiciones generales de uso y estado del suelo son similares, encontramos  nada menos que 43 millones de toneladas de sedimentos lodosos al año, o casi 120 mil toneladas diarias, son las que llegan a los lagos Apanás, Xolotlán y Cocibolca, y el RSJ.    

La pérdida es dolorosamente múltiple : arrastre de suelos que pierden textura y nutrientes valiosos para agricultura y conservación ambiental debido a la erosión,  y  cuerpos de agua que al recibir los sedimentos y tóxicos pierden calidad y opciones de uso óptimo para el desarrollo nacional.  Esto se traduce en empobrecimiento ambiental, social y económico para nuestro aún inmensamente rico país.

Nicaragua no puede seguir descapitalizándose del activo ambiental más valioso que posee para su desarrollo y supervivencia, y aunque se cuenta con la Ley 699 que crea la “Comisión de Desarrollo Sostenible de la Cuenca Hídrica de los Lagos Apanás, Xolotlán y Cocibolca y el RSJ”, y  con la Ley 620, “Ley General de Aguas Nacionales” , instrumentos con los que se ordena organizar e implementar el Plan de Gestión Integral de la Cuenca de los Grandes Lagos de Nicaragua desde hace varios años, esta iniciativa a pesar de su trascendencia aún continúa como  una urgente tarea que sigue pendiente para el Gobierno, Municipios,  academia y ciudadanía en general.   Es una misión de nación, en el sagrado interés nacional.

*Director del CIRA-UNAN. [email protected]

Comentarios

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oswaldo quezadao

recientemente el Ministerio de Construcción y Transporte con ayuda de Asesoría Japonesa elaboró el plan maestro de carreteras para los próximos 25 años, excelente tarea, pero quisiera ver planes maestros similares para reforestación, desarrollo urbano y la educación, solo para citar unos ejemplos. Los nicas ahora estámos acostumbrados a vivir para hoy (porque en tiempos del tirano Somoza hubo un remedo de planificar a largo plazo, hay que reconocerlo). Lo insólito es que aquí medio mundo critica (CON RAZÓN) al señor CHIN WENWEN CHON y sus Socios secretos por querer utilizar nuestro gran lago....que cada día se seca mas porque los ríos que desembocan en el mismo cada día se secan mas. A lo mejor y CHIN WENWEN CHON nunca construirá el cacareado canal porque el y sus socios estan realmente interesados en las "concesiones menores" (puertos, aeropuertos, tierras etc.), pero cuando nuestro Presidente y Primera Dama nos van a presentar los planes antes mencionados, o en su defecto la vía mas rápida para que en poco tiempo tengamos sequías saharianas? El que tenga ojos para leer..

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