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Sexo Confidencial

La familia y la sexualidad de los hijos

La sexualidad no es sólo lo que hacemos en la cama, sino también los roles desempeñados como hombres o mujeres en nuestras familias.

Auxiliadora Marenco | 9/7/2013

Al concebir la sexualidad, muchas personas sólo la piensan en los genitales o la actividad sexual del coito entre adultos.  La verdad es que la sexualidad es mucho más que eso.  Incluye la evolución del ser humano desde su concepción y desde el sexo que trae al nacer y si éste fue deseado o no.

De ahí la importancia de reflexionar  sobre las diversas  maneras como los padres desde sus conductas con los hijos, los van programando para los sentimientos, actitudes y conductas que desempeñarán cuando sean adultos.

En nuestra entrega anterior hablamos sobre tres primeros aspectos  a considerar. Otros dos asuntos importantes son:

El sexo que cada quien trae

Si es varón y es el primero, se “llevará la gallina” lo cual significa para el orgullo masculino preservar el apellido, representar y seguir las huellas del padre y aprender de él todo aquello que significa un lugar importante en sus formas de pensar, trabajar u ocupar un lugar en la sociedad.

Si es mujer, por el contrario, pasa a ser un rol secundario, doméstico y romántico.  Ella es útil para la maternidad y la cocina y pierde el apellido cuando se casa. Ser hombre o mujer en una familia representa dividir las tareas, muchas veces de manera desigual al separar deberes y beneficios.

Las cosas permitidas y fomentadas para él, estarán prohibidas y censuradas para ella. Ser la cuarta hija en una familia, no es lo mismo que ser la única entre varios hermanos. Como tampoco es lo mismo ser la mayor seguida de varios varones.

El sexo que cada quien trae le asigna un rol de ventaja o desventaja y tomar conciencia de ello lanza a los hombres a la calle y a las mujeres al anonimato de sus hogares.

Los hombres aprenden a ser promiscuos y las mujeres a ser castas. Ellos sexualmente activos con ellas y con otras. La mujer, sujeta a la maternidad, pagará caro si no sabe cuidarse y tendrá hijos no deseados que luego sostendrá aunque el hombre se vaya.

Si fue deseado(a) o aceptado(a) al nacer

Venir al mundo sin ser deseado crea dos tipos de sentimientos en los padres. El de culpa, por haberlo rechazado –o intentado abortarlo- o el de rechazo por todos los planes de un futuro truncado.

Querer con culpa no es saludable, porque se cae en la sobreprotección y se termina dándole al hijo bienes y atenciones que no necesita. Se le hace tirano(a), manipulador(a), interesado(a) y dueño(a)  de las voluntades de sus padres que nunca terminan de calmar sus conciencias o creen falsamente que ser buenos padres se compensa con tolerar o celebrar los defectos de carácter.

Un hijo así, está destinado a ser insoportable, intolerante e intolerado, incapaz de quedarse con alguien a compartir o ceder, a AMAR  en la intimidad de una pareja donde se pertenece y permanece si hay  igualdad en el dar y recibir.

El rechazo por otro lado, es un mecanismo sutil que atraviesa de forma tangencial toda la vida de una persona y que ésta percibe de mil formas de frialdad, abandono, impaciencia o desinterés ante sus necesidades de ser protegido, cuidado y amado.

 Se termina experimentando un vacío existencial, una sensación de no ser nadie, con apellido prestado, de padre desconocido, ausente o indiferente o de madre que lo dejó en manos de abuelos o parientes ; o que asumió por obligación y con rabia la carga.

El hijo nacido en estas circunstancias, probablemente tendrá crisis depresivas, o baja autoestima, querrá caricias de lástima y mendigará el amor de pareja para compensar sus vacíos. Es mejor tener algo, a no tener nada. Aceptará maltrato o sentirá mucha rabia.  Al estar en posición de desigualdad, pedirá atención extra e intentará controlar todo para no perderlo.

Sus relaciones serán dañinas y dañadas atrayendo conflictos que luego le atribuirá a su mala suerte o a la maldad de su pareja. Soportará la violencia o la provocará. 

La historia de los no deseados llena páginas y páginas de libros sobre personalidades deformadas que intentaron ser amados y aceptados, sin lograrlo.  Las causas, permanecen sepultadas, anónimas y activas en las miles de vivencias que sirvieron para alimentarlas.

Veamos pues, como la sexualidad no es solo lo que hacemos en la cama, sino también los roles que terminamos desempeñando como hombres o mujeres,  permeados y forjados en la familia que nos tocó, con las luces y las sombras de cuya influencia, raramente escapamos.

Descripción

Vamos a aventurarnos en este blog a hablar de sexo y de sexualidad de manera comprometida.

Acerca del Autor

Soy psicóloga de mente abierta. No me gusta la mojigatería ni la hipocresía. Digo las cosas de manera simple, "concisa y con sesos".

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