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Sexo Confidencial

Los padres y la sexualidad de los hijos

El ambiente y la familia modifica las cargas naturales de felicidad con las que venimos al mundo. La sexualidad es la más vulnerable.

Auxiliadora Marenco | 3/7/2013

Todos los humanos al nacer, si no ha habido una alteración genética que nos limite, venimos “programados” para ser personas completas y felices, aperadas con diferentes tipos de inteligencia, emociones, aptitudes, tendencias temperamentales,  entre otras.

Pero muchas veces el ambiente y la familia en que crecemos modifica y destruye la carga natural con la que nacemos. La sexualidad en primera línea, parece ser la más vulnerable. Los factores que la condicionan son, entre otros:

La salud sexual y mental de los padres

Si en una familia existe alcoholismo, incesto, depresión, abuso sexual, violencia o cualquier incapacidad de respetar y entender la sexualidad como algo limpio y natural, los niños serán directamente victimizados, atropellados y confundidos en recibir de sus principales fuentes de referencia, la basura emocional que lejos de ayudarlos a crecer con dignidad, los deformarán de forma irreversible.

Ejemplos: los centenares de hombres incapaces de dar ternura, eyaculadores precoces, impotentes y egoístas sexuales y las no menos numerosas mujeres estigmatizadas por la incapacidad de disfrutar el placer como algo innato y merecido.

Los motivos por lo que ellos están juntos

La pareja pudo juntarse por un embarazo no deseado cuyo resultado estropeó diversos planes para el futuro de ambos. El hijo termina pagando con su forzada venida al mundo, la factura de hacer realidad perennizada,  un acto totalmente involuntario.

O quizá estén juntos por necesidades emocionales que se concretan en la frase “no se que haría sin vos” o soluciones prácticas para tener dónde vivir, lavar la ropa o sexo seguro. Los hijos de estas circunstancias crecen abandonados a su suerte, tal vez bien vestidos y regularmente alimentados, copiando de sus padres que la pareja es para descargar rabias viejas y resentimientos pasados, zona en litigio de terceras personas, amantes de ocasión eternamente presentes, celos que abarcan rivales con cualidades infladas o pasmosamente miserables, hasta hijos de otras uniones y parientes y suegras cumpliendo su papel en la lucha de poderes.

Presencian muy pocas expresiones de afecto, reconocimiento o respeto. La mujer se niega al encuentro sexual  para castigar infidelidades y el hombre se lanza a la calle para conquistar territorios asolados por la propia promiscuidad machista y desalmada.

El número de hijos en la familia y el lugar que cada uno ocupa en ella

Al hijo mayor quizá le toque asumir la inexperiencia  de sus padres y cargar con sus consecuencias. Probablemente su concepto del amor y del sexo responderá a esa red confusa de peleas y reconciliaciones usado como “correo” para acercar las diferencias entre sus padres. Que aprenderá de esta experiencia para saber intimar, dar ternura o mostrar lo que siente, sin agredir ni manipular?

Al hijo menor tal vez le toque el rol del “venido por accidente” o “la última esperanza” para salvar un matrimonio destrozado. Y si son un montón y la cobija no alcanza, cada quién sólo será un número para repartir los panes y compartir las estrecheces. Sus sentimientos, vivencias y aprendizajes pasarán desapercibidos y transparentes ante la lucha cotidiana de los padres por el bocado. Ellos no tendrán tiempo para sentarse con ellos para explicarles que todos somos iguales y la importancia de tomar de los demás solo lo que ellos deseen y que existen mecanismos para controlar los deseos incluyendo los sexuales.

Y sin los padres tienen recursos y están ocupados en sus negocios , viajes y compromisos, pondrán a los hijos en manos de choferes y empleadas, encargados plenipotenciarios de sus valores y experiencias que por cotidianas son quizá las más importantes. Son hijos de la soledad, haciéndose acompañar de ipod, tablets, juegos electrónicos y demás instrumentos enajenantes. ¿De dónde aprenderán estos hijos el compartir, el saberse desnudos de cuerpo y alma frente a otro y poder tocar sin lastimar? ¿Cómo aprenderán a dar y a recibir?

¿Dónde aprenderán que el amor es lo único que explica que un hijo sea bienvenido a la casa? ¿Acaso los padres muestran a sus hijos que nacieron de un acto de amor?

Continuará...

Descripción

Vamos a aventurarnos en este blog a hablar de sexo y de sexualidad de manera comprometida.

Acerca del Autor

Soy psicóloga de mente abierta. No me gusta la mojigatería ni la hipocresía. Digo las cosas de manera simple, "concisa y con sesos".

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