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A pesar de las fallas técnicas, el dj alemán brindó un concierto espectacular

La feria musical de Paul Van Dyk

Decenas de jóvenes movieron sus cuerpos como robots al ritmo eléctrico de la música del alemán

Ernesto Valle | 21/6/2013
@Ernestovalle3

Luego de un largo día en el trabajo, Verónica López se animó por sus amigos. Le regalaron una entrada para el Nite Out Tribu Fest, y con todo el cansancio a cuestas, asistió. El reloj puntuó las 8 y media y frente al parqueo de Galerías Santo Domingo en Managua, un mar de luces se perfilaba dentro y fuera de una estructura metálica nunca antes vista en Nicaragua, que simulaba una feria. Por primera vez, Verónica López vería al dj alemán Paul Van Dyk (PVD).

Entre las cuatro tarimas de los diferentes patrocinadores, una gran carpa se erigió, para que la fiesta siguiese si es que llovía. Al rededor de 1,200 personas disfrutaron más de siete horas continuas de música electrónica. Pero al lado de una de las columnas de la carpa, Verónica estaba sentada, preguntándose a qué hora Van Dyk saldría al escenario. Más de 30 pantallas que transmitían imágenes, formas y colores psicodélicos, no pudieron captar su atención. Incluso para matar el tiempo, se subió al Barco Pirata, uno de los dos juegos mecánicos que los productores del concierto pusieron a disposición de los asistentes.

Sin embargo, a muy poca distancia de Verónica, jóvenes contorsionaban sus cuerpos y repetían movimientos como robots, mientras en los parlantes, los pinchazos y mezclas de los Dj’s hacían vibrar a todos. El show tuvo representaciones de diferentes países: Guatemala exhibió a Palo Rodríguez, Ale Q y Carl Nunes, disc jockeys chapines con mucha experiencia en el circuito trance de su país. Nicaragua no se quedó atrás, las mezclas de Revuelta Sonora hicieron gala de la bandera nica, que con su “Chicha-chicha-chicha va a haber fresco de cacao” encendió la noche. Acompañando a PVD, otro alemán vino a Nicaragua: Dj Alex M.O.R.P.H. tocó poco más de una hora para los asistentes que con una mano golpeaban el vacío al unísono de la música, y con la otra equilibraban sus tragos.

A las 1:20 de la mañana, la gira mundial de PVD hizo parada en Managua. Entre sus dos macbooks y sus dos sintetizadores, el “Maestro Van Dyk” se presentaba por segunda vez en Nicaragua. Cuando la gente entraba en calor, algo falló: la música cesó y hasta las gigantescas pantallas perdieron la señal. Paul volvió a ver a los productores, que estaban atrás del escenario, visiblemente disgustado. Con una mueca preguntó qué pasó. Pero eso no le hizo perder las intenciones de dar un buen show. Desapareció unos segundos, y volvió con una cámara de video, se acercó a la malla que separaba la tarima del dance floor y grabó a su público nicaragüense. De nuevo en el set, mientras los técnicos reparaban la falla, Van Dyk invitaba a aplaudir y a gritar porras. Volvió a acercarse al público, incluso, tomó una cámara de uno de los asistentes y se fotografió con ella. Tras 15 minutos de silencio, Paul Van Dyk re-encendió la noche con mezclas clásicas de su repertorio como “For an Angel” y “Crush”. No desencantó a la audiencia, más bien, ganó empatía con ella y entusiasmo a sus fanáticos, quienes no dejaban de tarrarear sus melodías.

Aun con la tardanza, Verónica la pasó bien y le pareció un concierto bueno y sano. Su única preocupación fue que al día siguiente tenía trabajo. Y el raid no se iría hasta terminado el Nite Out.Los conciertos, en día de semana, deberían de ser más temprano”, dijo.

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