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El corazón del Teatro latió al son de la cantautora

La serenata de Katia Cardenal

La cantante cautivó al público que la acompañó en el Teatro Nacional para celebrar sus 50 años de vida

Yubelka Mendoza | 20/6/2013
@YubelMG

Katia Cardenal entró al escenario con un traje impecablemente negro. Saludó con una reverencia al público reunido en el Teatro Nacional Rubén Darío, que la esperaba para celebrarle sus 50 años de vida y 35 como artista, e inició esa celebración cantando Aunque no fuera para mí, a capela. Terminando la interpretación fue aplaudida por todo el público reunido en el teatro.

La noche prometía mucho. Para la segunda canción que interpretó Cardenal, Colibrí, le fue necesaria la presencia de Omar Suazo, guitarrista. Después llamó a la “segunda parte de la banda del tiempo”, María José Ocarina, percusionista. Y para que la banda estuviera completa, tuvo que llamar, además, a su hija Alfonsina, mejor conocida como Nina Cardenal.

Llegó el momento de interpretar Hojarasca, una canción que, según explicó al público la cantante, la escribió pensando en un amigo cubano que en ese momento, el de la creación de la letra, la llamó para contarle que se había separado de su esposa.

Las canciones pasaban y Katia, antes de iniciar cada una, ofrecía a sus espectadores una pequeña reseña de cómo y por qué fue el inicio de cada canción. De pronto, cuando el público estaba medio apagado, llegó Dame tu corazón, una canción escrita por el fallecido hermano de Katia, Salvador Cardenal. La gente comenzó, tímida, a entonar la melodía, pero cuando llegó la parte del coro, la cantante extendió el micrófono hacia el público, que con mucha fuerza entonó: Dame tu corazón, contento, bombo de mi canción. Quiero tu corazón, latiendo, para sonar mejor.

Nacida en Managua un 19 de junio de 1963, Katia Cardenal inició su carrera como artista en el coro del Colegio Teresiano de Managua. Poco tiempo después formó el Dúo Guardabarranco junto a Salvador Cardenal.

Sus canciones acompañaron a toda una generación que se comprometió con el cambio revolucionario. Con una voz prodigiosa, Cardenal y su hermano conmovieron a todo un país. Anoche, ese sentimiento volvió a florar cuando le llegó el turno a la famosa y emblemática Dale una luz. En un lugar llora le cielo de ternura. En un lugar todo el verde está de fiesta. Y en altamar, no muy lejos de Corn Island y el Bluff, un hombre niño pesca un saco en el mar… Se oían las voces de la gente que le seguía el ritmo a Cardenal. Al final, la canción fue aplaudida con mucha fuerza, y en cada aplauso se oía el sentimiento de nacionalismo que el tema le producía al público.

La de ayer también fue una noche familiar. Además de Nina, estaba Sebastián, el otro hijo de Katia. La cantante lo invitó al escenario junto a su sobrina Cristiana. Entre los tres, más Alfonsina, interpretaron una canción titulada Mi abuela. Antes de iniciar con la cantada, Sebastián dijo que se la dedicaban “a todos los viejitos que están protestando en el INSS”, haciendo alusión al plantón de los ancianos afuera del Instituto Nicaragüense de Seguro Social.

Katia se tomó un tiempo para agradecer a todas las personas que la han apoyado a lo largo de su carrera. Dijo que ese concierto se lo dedicaba a su mamá, que estaba presente, porque si ella (Katia), es como es: llora cuando ve a un niño en algún semáforo o a alguno maltratado o a algún anciano violentado, es por ella (por su mamá).

Por un momento Cardenal dejó el escenario y se quedó Salvador, Cristiana y Alfonsina. Lo hizo “para que escuchen a la nueva generación”. El trío interpretó Sapo, una canción con contenido social.

Katia regresó a adueñarse del escenario, su espacio natural, esta vez con ropaje distinto: una camisa rosada, un jeans oscuro y unos tacones rosados. Iniciaba la segunda parte del concierto, que fue la más animada.

Más de una veintena de canciones habían sido interpretadas, y muchas fueron ovacionadas positivamente por parte del público, pero cuando llegó el turno de Araré el aire, la gente se desbordó. Las luces se encendieron y la mayoría coreaba o seguía el ritmo con las palmas. Araré, araré, araré el aire y sembraré el viento. Plantaré un sentimiento. Araré, araré, araré el aire. Sembraré un canto. Plantaré una esperanza.

Ya para cerrar el concierto, Katia agradeció a todo su equipo, a los patrocinadores, a los medios de comunicación, a su familia, a sus amistades y todos los que le han demostrado cariño. Y dijo que se iba a despedir con una canción que compuso para todas las mujeres, Mariposa de alas rotas. Interpretó la canción y el telón se cerraba, mientras la gente excitada aplaudía la noche y pedían más de la voz de Cardenal. Cuando ya la mayoría del público abandona sus asientos, el telón se abrió y Katia regresó al escenario para esta vez sí cerrar el concierto. Cantó Corazón de niño y la gente la coreaba.

Al final de la cantada a Katia la sorprendieron sus hijos Salvador y Alfonsina, su sobrina Cristiana, María José Ocarina y Omar Suazo. Le cantaron Las Mañanitas. El telón cerró.

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