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Platos originales en el corazón de Masaya

Café du Parc: Una sorpresa fuera de la capital

Un poco más de profesionalidad sería de agradecer a un local con pretensiones de buena cocina

Gonzalo Mas | 5/5/2013

Estoy en Masaya, son las cinco de la tarde de un domingo. En el parque central se respira un gran ambiente de matrimonios paseando a sus hijos, señoras dirigiéndose a la iglesia y parejas enamoradas. Las peores horas de calor ya han pasado. El sol se va poniendo poco a poco y aunque todavía se ve, la luz de este día se apaga despacio.

En una de las esquinas del parque está el Café du Parc (Costado Noroeste del Parque Central, Masaya). Me siento en su terraza. Me encantan sus baldosas viejas, que alternan el color blanco y negro cual tablero de ajedrez. Hay cuatro columnas blancas que sujetan la galería que cubre la terraza. Cuatro son también los faroles negros que cuelgan de techo de madera. La fachada es de adobe pintado en color granate y blanco. Hay barrotes de hierro forjado negros y dorados  en las puertas y en las ventanas del establecimiento.

Cuento ocho mesas aproximadamente. Son metálicas  al igual que las sillas. La mesa en la que me siento cojea un poco.

La última vez que vine se escuchaba una música muy agradable. Me acuerdo que pensé que las canciones que sonaban debieron haber ser elegidas escrupulosamente para que sintonizaran tan bien con el lugar. Recuerdo que fue también un domingo por la tarde, después de un fin de semana especialmente cargado. Hoy, sin embargo, no hay música ninguna. De hecho el lugar me parece un poco ruidoso con los carros pasando a escasos metros de mi mesa. Además, cerca, hay un odioso carro con la alarma demasiado sensible que no para de sonar amargándonos la tarde. “Deberían multar a su dueño, es inaceptable”, pienso.

En la mesa de al lado hay un grupo de chicas extranjeras que hablan inglés y beben cervezas. Decido que yo no voy a ser menos y pido una refrescante y ligera cerveza nacional. El camarero es un joven que no parece tener demasiada experiencia sirviendo mesas, pero es voluntarioso.

En un plato hondo de vajilla utilitaria y sin pretensiones me sirven la sopa de tomate que he pedido como primer plato.  Lleva queso parmesano espolvoreado por encima y hojas de albahaca en diminutas tiras.  Es ligeramente ácida. La temperatura ha bajado y la crema caliente me hace bien. Aparte, me sirven rodajas de pan integral caliente. Encima lleva algo de queso gruyere y un poco de orégano. El pan tiene una consistencia algo arenosa, pero acompaña bien a la sopa. 

Definitivamente la terraza externa del lugar es muy ruidosa. El ruido de los autos y las motos sin silenciador me están arruinando la noche. Poco a poco la terraza se va llenando: las americanas de al lado se van y dejan lugar a familias nicas que estudian con detenimiento el menú.

Me traen el segundo plato: Un ratatouille consistente en verduras al grill (aceitunas, zanahoria, calabacín, cebolla, tomate en salsa…) con queso parmesano, orégano y aceite de oliva. Quizás sea demasiado grasiento. La demasiado presente salsa de tomate ha ablandado las verduras… pero definitivamente me gusta la originalidad del plato: He llegado a pensar a veces que los platos que se ofrecen en el país se parecen demasiado unos a otros, por eso tener ante mi comida tan particular me agrada.  La ración es muy grande y no podré acabarla.

Me traen un plato con una columna esmeradamente presentada de pan integral tostado. Es un tipo de pan diferente al que acompañaba la sopa, más crujiente, más seco y tiene mejor sabor. Me gusta la idea de que a cada plato se le asigne un pan distinto. Detrás de esta decisión hay, seguro, un paladar sensible.

Uno de mis acompañantes acude al baño. Pero al comprobar que la puerta del único lavabo disponible está cerrada, se dirige a la que parece la dueña del local. Ella sin más dice que hace días que no tienen agua y que el baño está cerrado. Él insiste y ella accede a dejarle entrar, “pero de muy malas maneras”, según mi amigo. Las primeras veces que vine al Café du Parc los gerentes del local fueron muy amenos conmigo (quizás demasiado): Tuvieron toda clase de atenciones y hasta  quisieron sacarme fotos para mostrarlas después en Facebook… por eso hoy me choca especialmente esta falta de simpatía…

El incidente del baño me deja de mal humor. Encima, unos minutos después, se va la  luz y nos quedamos a oscuras. El camarero viene y nos coloca una pequeña candela encima de la mesa mientras vuele la luz.

En el Café du Parc creo recordar que hacían un jugo de mora muy refrescante. Lo  hubiera pedido de postre pero sin luz no va a ser posible. Tenemos que pedir la cuenta tres veces, lo cual sería comprensible (no hay luz) si no llega a ser porque varias mesas la piden después que nosotros y la reciben mucho antes. El precio es bastante barato para todo lo que hemos comido.

Un restaurante tiene que ser constante: Sus trabajadores no pueden ser una vez muy simpáticos y otra vez antipáticos. Si hay algo que caracteriza a un lugar (la música…) los dueños del local deberían asegurarse de que ese factor esté siempre presente… Y es que la inestabilidad desconcierta mucho. Y un cliente insatisfecho un día es un cliente perdido para siempre.

La noche ha caído completamente sobre Masaya. Como buenamente podemos nos abrimos paso entre tanta oscuridad y  atravesamos esta siempre ajetreada ciudad. Mientras, comentamos entre risas la cena que acabamos de concluir: Una cena desigual.

Comentarios

3
DENUIT

Gracias mi amigo por su visita, nos hizo el honor de digustar nuestra oferta gastronomica, le aseguro que estoy muy conforme con lo que expresa, ese dia fue fatal, dos dias sin agua, sin nergia por la noche, pero intentamos dar el mejor servicio posible. Siempre BIENVENIDOS

2
Editor

Hemos corregido el dato de la catedral.
Muchas gracias por su comentario.

El Editor

1
marco antonio

La persona que escribió esta nota debería ser más cuidadosa con su ortografía. Si su labor es la crítica gastronómica, pues tendría que expresarse de forma nítida para que sus comentarios adquieran más confiabilidad. De igual manera se recomienda revise bien antes de publicar puesto que en el escrito hay errores (omisión de letras: vuele por vuelve; de incongruencia: ¨no hay música ninguna¨, sería mejor: no hay música alguna; falta de veracidad: ¨... señoras dirigiéndose a la catedral...¨ En Masaya no hay catedral) que dan la impresión de que el reportero sabe de comer mas no de escribir de manera pulcra.

Para poder hacer una crítica creible por todos los costados se ha de cuidar tanto fondo como forma.

p.d.: después de dos puntos se escribe con minúscula y no con maýuscula

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