Confidencial » Arte y Ocio » Leer artículo

En postres, el lugar es una referencia nacional

Restaurante El Eskimo: Helados y mucho más

Situada en un emplazamiento estupendo, su cocina debe actualizarse

Gonzalo Mas | 21/4/2013

Hay algo deliciosamente inquietante en el restaurante “El Eskimo” (Los Ranchos 1 cuadar al sur 20 varas al este): Al entrar en él tenemos la impresión de hacer un viaje en el tiempo hasta los años 60 o 70. Efectivamente, tanto en Bolonia como en determinados barrios de Managua hay ciertas edificaciones, establecimientos comerciales y casas particulares mayoritariamente, que representan la mejor arquitectura internacional de esas décadas. Constituyen un verdadero tesoro arquitectónico y la alcaldía de Managua, si no lo hizo ya, debería declararlas patrimonio de la ciudad y protegerlas.

Pero volvamos al Eskimo. Lo que más me gusta del local son sus dos barras. Una de ellas, la de la entrada, parece sacada de un cuadro de Edward Hopper. La otra, al fondo del establecimiento, luce una austeridad elegante. Está situada frente a un muro blanco sobre el que cuelgan cuatro grandes lámparas de lágrima en cristal naranja. En su extremo derecho veo una cafetera de un rojo metálico. Multitud de vasos y copas escrupulosamente ordenados e impolutos sobresalen a lo largo de la barra gracias a unos focos de luz blanca. La mayoría de las lámparas del local, sin embargo, son cuadradas, idénticas y arrojan una luz uniforme y tenue.

Hay dos salas. Me acomodo en la primera que, a su vez, está dividida en 2  ambientes: una zona más informal (mesas sin mantel, botes de kétchup y de mostaza, sillas en vez de butacas…), y otra más seria en la que me siento yo esta noche. De fondo, se oye música de piano.

Las mesas del local son de madera, hay un gran muro en ladrillo vivo color café que recorre de lado a lado todo el restaurante. Las otras paredes están pintadas en color  blanco. El techo es de madera oscura y las sillas también. Veo una estantería y un biombo tras el que se esconde el baño. Ambos son del mismo material (madera) y del mismo tono (oscuro) que las sillas y el techo. El suelo es de loseta y tiene piedras marrones incrustadas.  La sobriedad de la decoración se completa con una única planta a la entrada  (¿un ficus?) y con una escultura, también de madera oscura.

Sobre mi mesa percibo dos manteles de tela color marfil con dos juegos de cubiertos por persona y una servilleta doblada con esmero sobre el plato blanco. Hay una copa de cristal y un pequeño jarrón del mismo cristal transparente que figura en el medio de la mesa. El jarrón está medio lleno de agua y dentro flota una bonita flor de un rojo muy vivo.

El camarero me sirve un pan caliente y un trozo de mantequilla. Previamente había colocado encima de la mesa una salsera plateada con tres salsa distintas.

La carta es de piel: en ella se ofrecen diez platos de pescado y diez de carne, cinco de aves y seis platos bajos en calorías. No voy a tomar entrada reservándome para el postre con el que llevo soñando todo el día… Pero mi plato incluye una ensalada. El camarero me dirige hasta un pequeño buffet con cuatro boles grandes con distintas verduras (brócoli, lechuga, tomate, coliflor…). Sirvo sobre un pequeño plato auxiliar un poco de tomate fresco y zanahoria.

Voy a comer corvina a la espinaca. Me sirven dos filetes de pescado en un plato ovalado blanco. Como guarnición colocan zanahorias amarradas con gracia por lo que parece un pedazo de hoja de banano… El plato incluye una papa envuelta en papel de aluminio con mantequilla y medio limón. Me preguntan si quiero arroz y digo que sí… Se adivina (y se agradece) la voluntad generosa del local.

—¿dónde están la espinacas? — me pregunto a mí mismo. Tras observar con detenimiento el plato las encuentro (en poca cantidad) en la salsa. El pescado viene cubierto en ella. Pruebo la salsa: De manera alterna, olas de vino blanco y de limón llegan hasta mi paladar. Y me gusta.

Con la comida que me es servida creo percibir los conocimientos culinarios del chef. Pero de alguna manera siento que su comida, como la decoración del local, se ha quedado anclada en el pasado. Y si bien para la decoración esto es algo que me gusta, no me gusta tanto en el aspecto culinario.

Primero, mi plato de salsa mantequillosa parece una bomba de calorías y pienso que un chef hoy debe velar por lo saludable de todos los platos que ofrece. Segundo, tengo la impresión de que quien ha cocinado esto no está al corriente de las nuevas tendencias. Me parece como si el chef hubiera estudiado hace mucho años y no hubiera renovado sus conocimientos desde entonces… Creo que hoy se estila lo liviano en la cocina y mi pescado, bañado en esta salsa, no lo es. Por lo demás, el pescado está bien cocinado: crujiente por fuera y tierno por dentro.

Una vez acabada la corvina, me retiran el plato. Todos los camareros llevan pajarita y chaleco de cuadros negros y blancos.  Da la impresión que llevan muchos años atendiendo mesas y conocen su trabajo bien: No se toman confianzas con los clientes pero tampoco los desatienden. Exactamente lo que se espera de ellos.

Por fin, me traen mi ansiado helado (cookie sunday) y el niño que hay en mi sonríe de oreja a oreja. Es una copa grandiosa, con helado de vainilla, sirope de chocolate, un barquillo, dos galletas oreo y, coronándolo todo, una guinda roja sobre nata blanquísima. Estupendo.

Pago veinte dólares aproximadamente. Llamo su atención sobre el precio del maravilloso helado (solo 2 dólares) y les sugiero que lleven a cabo su buena acción del día e inviten a uno a su hijo, a su sobrina o a su nieto. Con este precio no tienen excusa para no hacerlo...

El Eskimo

Vino:                         6

Ambiente:               8.5

Baños:                      6

Servicio:                  8

Postres:                   9

Comida:                   6

Comentarios

7
Carolina

Restaurante Eskimo es lo que el cliente busca, buen sabor en la comida y atención esmerada. No lo cambio por ninguno, hasta el momento sigue siendo mi favorito.

6
Ernesto

Voy al Eskimo desde antes del terremoto en el '72. Cuando ere frente al Teatro Salazar. Su calidad, muy buena, solo ha cambiado a excelente.

5
Armando Ñurinda Ramirez

Reconozco, recomiendo de lo bueno, bueno. Conozco a sus creadores y descendencia. Ya es atávico de la capital y de Nicaragua. Creo no es igualable. Compruébelo. Dese un gustito.

4
VICENTE DE LA CRUZ MALTEZ MONTIEL

muy lindo enfoque, todo lo que dice es correcto. me encanta este restaurante y sus chicas son lindas y atentas, el coctel de ostras con un blody mary son fuera de serie. siga escribiendo hace falta una pluma de análisis de los buenos lugares, tambien diga las cosas malas. que su opinión ayude a levantar la calidad gastrónomican o que nos abra los ojos para no ir, como por ejemplo lugares desastrosos como restaurante maría bonita, la loca idea de los pollos tip top de que fueras hacer tu pedido haciendo fila, el exceso de sal que le ponen a las comidas de doña haydee.
la plancha de altamira, el churrasco de metrocentro, el rincón chino por el canal dos, la fritanga que queda al lado donde fue la leche agria de altamira contigua a la CECA son lugares a destacar. saludos.

vicente maltez montiel,
cliente y entusiasta de la rica comida. gracias.

3
sierra dos

En relacion a la decoracion, la barra, muebles etc, si no estoy equivocado o al menos una buena parte de ella, es como existia el entonces Eskimo de la vieja Managua esquina opuesta al cine Salazar (Alcazar), donde mis padres nos llevaban a mi y mis hermanos , todos adolescentes y niños , a desgustar un buen helado o hot dog, despues de ver una pelicula en dicho cine, a eso de las 10 pm, luego salir caminando con mucha seguridad atravesando la calle paralela a la avenida centenario, porque este restaurante quedaba a a dos calles del mercado san miguel, hasta nuestro hogar por la Casa Lilliam(Cancilleria).

2
Lorena

Estimados:

Me gusta mucho esta sección, pero en esta nota en particular la calidad de la fotos es muy mala. Me parece que esta revista debería ser un poco más seria en cuanto a las imágenes que publica. Las tres primeras fotos son un desastre. Espero que tomen esto en cuenta para mejorar.
Saludos.

1
Chris Gutierrez

Me encantó el restaurante, estuve ahí como en el 2007 y la verdad que me encantaría regresar.

Más en: Arte y Ocio

Otros artículos del mismo autor