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El restaurante nos acerca a las maravillas gastronómicas del país andino

Una ventana a la excelente cocina peruana en Managua

Con algunas mejoras, la Terraza Peruana rozaría la excelencia.

Gonzalo Mas | 16/4/2013

Perú es mi gran apuesta culinaria para el futuro. Pienso que ese país tiene recursos suficientes para aupar a la gastronomía latinoamericana a los puestos privilegiados de la cocina internacional.

Por fortuna, en Managua, contamos con La Terraza Peruana, un restaurante ambicioso que nos acerca a las maravillas gastronómicas del país andino. Entro esta noche en el local y me da la bienvenida el sonido agradable del agua  fluyendo en la fuente de la entrada.  A la izquierda veo un pequeño jardín abarrotado de plantas.

La parte abuhardillada del techo está sujeta por unos trocos de madera. De él cuelgan abanicos plateados que combaten el calor sofocante de esta noche de verano. Del otro lado de la terraza hay dos grandes ventanales cubiertos por persianas de madera. Los muros son de color amarillo y, sobre ellos, hay expuestas algunas piezas de artesanía dorada inca. El suelo es de loseta y de madera. Por todas partes hay macetas de frondosas enredaderas verdes.

Cuento algo menos de 15 mesas.  Están cubiertas por manteles del mismo tono amarillo de los muros del local y rodeadas por sillas metálicas negras.

Repartidos por el restaurante hay varios faroles que bañan el local de una cálida luz naranja. Pregunto a mis acompañantes si lo encuentran oscuro y me responden que no, que el local está bien.

No nos vienen a recibir y tenemos que ir a la barra a pedir que nos instalen. El local está lleno y oigo el murmullo de la gente hablando. De fondo, casi imperceptible, se oye música folclórica peruana.

Creo que el restaurante consta de otros salones, pero nosotros nos sentamos en la terraza. La camarera, atropelladamente, coloca sobre la mesa un plato, un tenedor y un cuchillo por persona. Añade otro plato con dos pocillos con salsas diversas. Sobre la mesa hay también un servilletero de plástico que incluye una pequeña gaveta con palillos de madera.

Pedimos de aperitivo un pisco sour. Sus ingredientes son: clara de huevo batida, canela, pisco, limón y azúcar. Viene servido en una coqueta copa pequeña. Es exquisito. La ligera acidez del limón es combatida en la boca por la mimosa suavidad de la clara del huevo. Lo refrescante de la bebida (y, me temo, el alcohol que incluye) me pone de buen humor.

Vuelvo al menú. Podría pasar horas leyéndolo: Veo, por ejemplo, un apartado “influencia china en el Perú”. Me gusta la idea de descubrir esa influencia desde un punto de vista gastronómico. El menú incluye al final varios folletos turísticos del Perú... y por supuesto una extensísima oferta de platos diversos.

De entrada pedimos un ceviche de pescado. Muchos son los peruanos que aseguran que el ceviche  es originario de su país. Yo no sé si eso es cierto o no, de lo que sí estoy seguro es que aquí, en Nicaragua, tenemos una amplia tradición cevichera: El nicaragüense es particularmente exigente con este plato y detecta bien rápido si un ceviche no es bueno.

Me traen una bandeja transparente con forma de pez  sobre otra bandeja ovalada blanca. Encima, por fin, el ceviche. Se trata de un pescado marinado en jugo de limón, sal, chile, cilantro, maíz tostado y cebolla. Igual que el pisco sour, el ceviche tiene un discreto punto de acidez proporcionado por el limón. Igual que el pisco sour, el ceviche está exquisito.

Con retraso, nos traen el pan. (Es un pequeño bollo caliente abierto por la mitad dentro del que untaron aceite, ajo y cilantro). Es importante servir el pan cuando corresponde, es decir, al principio de la comida. De cualquier forma, si el plato servido es ceviche (como en este caso), considero imprescindible que el servicio se asegure de servir pan.

Temeroso de perder el buen humor en el que el pisco sour me ha zambullido, pido una copa de vino blanco. La terraza peruana solo ofrece un vino blanco por copa. Es de origen argentino y no está del todo mal: Es refrescante.

Elijo “Pescado a lo macho” como plato principal. Acompaña al pescado una salsa a base de calamares, pulpo, camarones y un mejillón. El riesgo de acompañarlo de una salsa tan abundante es que la principal materia prima del plato elegido (el pescado) quede eclipsada. La salsa, ligeramente picante, es espesa y de color café claro. También me sirven arroz. La ración es muy generosa (¿será el plato demasiado pesado para mí?) y lo cierto es que la corvina está muy fresca. El plato es correcto, pero le falta esa magia con la que contaban el aperitivo y la entrada que pedí.

Parece que se ha levantado algo de viento. Se agradece dado el insistente bochorno de la noche. La terraza peruana debería equiparse mejor contra el calor.

He comido demasiado. Resoluciono de manera tajante que mañana empiezo un régimen, y pido postre. Mis compañeros de mesa y yo decidimos compartir un “suspiro limeño”. Está hecho a base de leche evaporada, leche condensada, pisco, ron y canela. La camarera lo trae  servido en una elegante copa.  La copa reposa sobre un plato blanco que se ajusta a su tamaño. La mitad inferior del postre, de color café, tiene una textura algo más densa que la de la  parte superior, a base de leche semi-solidificada.  Evidentemente, el suspiro es muy dulce y aunque se merece un aprobado sin duda, quizás el postre resulte algo empalagoso.

Tengo que pedir la cuenta varias veces. La camarera me explica que uno de los camareros se tuvo que ausentar y, por tanto, solo tres tienen que atender todas mesas. Pienso que incluso cuatro camareros no son suficientes para todo el local: La Terraza Peruana debería contratar más servicio.

Pago aproximadamente 500 córdobas. (Ya en casa, revisando la cuenta, compruebo que se han equivocado y que me han cobrado de más). Con la cuenta me regalan un caramelo. Dentro del caramelo  veo una tira de papel plastificado con un chiste. Lo leo y me rio a pesar del dudoso ingenio del mismo (¿será que he abusado un poco esta noche del alcohol?): “-Manolo, ¿por qué no riegas el jardín? –Pues porque está lloviendo a cántaros… -No seas haragán, aquí tienes un paraguas.”…

Les deseo a todos una excelente semana.

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La terraza peruana: De la Pastelería Sampson 100 varas al lago, Planes de Altamira #14, Managua, Nicaragua. (505) 2278-0013 / 2278 0031  www.laterrazaperuana.com  

Recomendado: Mariscos (Parihuela, Jalea de mariscos, Tortilla de camarones, Arroz chaufa). Pisco sour, Jugos naturales, suspiro limeño.

ABIERTO Martes a Domingo de 12 del mediodía a 11 de la noche.

Comentarios

3
juan

De acuerdo con Ariana: el ceviche ES PERUANO. En cuanto a la tardanza de servirle pan junto con el ceviche, no tiene porqué esperar necesariamente pan con él; preferentemente una rodaja de choclo (elote cocido) o tal véz unas galletas de soda. No he tenido la oportunidad de visitar el restaurante, pero definitivamente lo haré. Esperoque haya mazamorra morada de postre, o -ojalá- unos picarones.

2
Chris Gutierrez

Que alegre saber que la comunidad peruana está presente en Nicaragua. Me encanta la comida peruana, en especial el pollo o lomo saltado. Una cosa que no me gustó en ésta critica que uste hace es al pescado a lo macho. Mi mamá y yo hemos comido ese plato y bueno, nos pareció muy bueno. Lo que no me gusta es cuando usted hace la crítica acerca de la salsa y de que esta causa una especie de eclipse sobre el pescado. Recuerde que ese es un plato típico de Perú por lo tanto podemos criticar lo que para ello es una tradición. Es como que a un nicaragüense le critiquen la manera de servir un Baho o comerse un nacatamal con tortilla? Todo lo demás me parece muy bien.

1
Ariana

El ceviche es de origen de Perú. Y no sólo son los peruanos, pero la mayoría de expertos en comida y historia que concuerdan con esto. Ellos no tienen algunos platos, si no cientos de variedades de platos de ceviche. Entonces no debe de haber debate si es que el ceviche es peruano, por que es un hecho que lo es :)

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