Confidencial » Arte y Ocio » Leer artículo

Opciones para comer en el idílico pueblecito playero

Visita culinaria a San Juan del Sur

Pizza cerca de la playa, helado natural viendo las estrellas, langosta en un caramanchel de la bahía.

Gonzalo Mas | 25/3/2013

San Juan de Sur es uno de los lugares del país con mayor oferta turística vacacional. Así que, aprovechando la Semana Santa, escribo hoy sobre tres distintos establecimientos localizados en este idílico pueblecito playero.

Pizza italiana cerca de la playa

Vamos cenar a la “Pizzería y Restaurante San Juan” (Calle de la Bolsa, San Juan del Sur, Nicaragua). Nos semantamos en el rancho. Para llegar hasta él la camarera nos hace atravesar la cocina donde las cocineras se divierten mientras trabajan, riendo escandalosamente. Hay un refrigerador con un cartel enorme que dice “exclusivo para productos de la marca X”: En él hay una pierna de jamón, enormes bolsas de queso rayado y botes de salsa de tomate: Ni rastro de productos de la marca X.… “La vida es diferente en San Juan del Sur”, me digo sonriendo.

En el techo hay tres abanicos que mantienen fresco el lugar. De cada una de las vigas que lo sostiene cuelgan lámparas que confieren al lugar la iluminación perfecta.

Hemos pedido una Pizza para compartir. Es mitad “pomodoro” (a base de tomate y orégano) y mitad hawaiana (Jamón, queso y piña). La masa es fina y está muy crujiente, como debe ser. La piña es natural y fresca. Añado a la pizza algo de chile y queda perfecta… En una mano un trozo de pizza y en otra una refrescante cerveza nacional: ¿qué más se puede pedir?

En una de las mesas está sentado el dueño del restaurante, D. Mauricio. Es muy agradable y nos ameniza la comida con comentarios divertidos y con anécdotas ocurrentes… Pagamos aproximadamente 120 córdobas por persona (impuestos y propina incluida).

Para el postre vamos andando hasta el Superfrutto Gelateria (Contiguo al Hotel Estrella).  Hace una noche espectacular en San Juan del Sur. La mayoría de las tiendas están abiertas. De hecho nos paramos en una de ellas, especializada en material de surf, y compramos unas chanclas.

-¿Surfeás?- Me pregunta el norteamericano dueño de la tienda.

-¿Yo?, mucho- miento, contestándole…

Un helado natural al lado de la bahía

El Superfrutto Gelateria es un pequeño establecimiento en el que venden el mejor helado que yo he probado en Nicaragua. El de maracuyá es magnífico, pero el de mandarina es, si cabe, mejor. Todos los helados son hechos en casa por un ciudadano italiano que, seducido por los atractivos de este lugar de eternas vacaciones, se instaló en San Juan. Abrió esta “gelateria” y en ella pone en práctica los conocimientos adquiridos en su Italia natal en las artes de la preparación de este postre refrescante.

Los helados son servidos en cucuruchos de galleta o en vasos de plástico. Ambas opciones vienen en tres tamaños (grande, mediano y pequeño). La galleta del cucurucho es crujiente y sabrosa. Las raciones son bien generosas.

La manera en la que sirven el helado es peculiar: Pido un helado doble de café y mandarina. El encargado trabaja primero el helado de café con una pala hasta darle la textura adecuada. Entonces lo deja reposar y hace lo propio con el helado de mandarina. Finalmente me sirve en la galleta el helado respetando el orden inicial: Primero el de café y luego el de mandarina.

Comemos nuestro helado sobre la cálida arena de la playa mientras observamos, en silencio, las estrellas en el cielo. Finalizamos la noche en uno de los muchísimos bares de San Juan tomándonos una última cervecita fresca… O dos.

Langosta de caramanchel 

Al día siguiente buscamos, al azar, un restaurante en el que poder comer algo de pescado fresco. Caminando por las calles, el destino nos lleva hasta el “Bar y Restaurante Inés” (Del Hotel Estrella, 25 vrs al Norte, Zona Costera).

La gente me dice que no debería medir este lugar con el mismo baremo que otros restaurantes porque en realidad es un caramanchel de playa. Yo digo que no, que éste es un restaurante en toda regla y que, como tal, voy a describirlo.

El emplazamiento de Inés es inmejorable: Una terraza que da a la maravillosa playa de San Juan del Sur. El local es grande y tiene muros pintados de un peculiar color naranja. El suelo es de cemento granate. Todas las mesas están cubiertas por manteles de cuadros blancos y amarillos y las sillas, idénticas, son de madera color negro.  El techo es una estructura a base de troncos de madera y hojas de palmera seca.

Nada más sentarnos nos vienen a pedir dinero para una buena causa. Al rato un guitarrista se cuela en el local y toca toda una serie de canciones rivalizando por la atención de los comensales con la música de los otros bares de alrededor. Después un señor nos intenta vender lotería y, por último, alguien nos ofrece artesanía: Tanta oferta comercial puede llegar a resultar algo cansina.

Pido una langosta a la plancha (un días es un día). De cortesía y a modo de entrada, me traen una ensalada pequeña con tomate, lechuga, zanahoria, pepino, remolacha y repollo: Me sorprende la variedad de ingredientes que tiene la ensalada para lo pequeña que es.

Acompaño mi plato con una copa de vino blanco. Solo tienen una marca, la misma para el vino blanco y el vino tinto.  Pido pan y me traen 2 rebanadas de pan de molde tal y como saldría de las bolsas que encontramos en cualquier supermercado.

Por fin, me traen dos colas de langosta. Están muy buenas. Tanto, que la cantidad se me queda pequeña. Vienen acompañadas de ayote y zanahoria. Las presentan sobre una plancha de hierro que, a su vez, descansa sobre una tabla de madera. En un pequeño plato aparte me sirven arroz y papas fritas como guarnición.

Trescientos cincuenta córdobas por todo. Me parece un precio bastante razonable.

No me gusta que cada uno de los restaurantes situados a la orilla de la playa de San Juan tenga puesta su propia música a un volumen tan alto: Al final es imposible diferenciar sonidos y lo único que se oye es un ruido indeterminado y horrible. Me dicen “Si, pero contra eso no hay nada que hacer”. Yo contesto: “Bastaría con que los dueños de los distintos lugares se comprometieran a no poner la música por encima de un determinado volumen. O incluso no poner música en absoluto: El sonido del mar rompiendo en las playas es la mejor de las melodías…”

Pero estoy de vacaciones y no pienso dejar que nada perturbe mi buen humor vacacional… Así que atendiendo al viejo refrán “Si no puedes contra ellos, únete a ellos”, acabo cantando la lambada (Llorando se fue la que un día me hizo llorar…) proveniente de unos de los potentísimos apartaros de música de uno de los restaurantes limítrofes…

Comentarios

3
Francisco Vijil

Referente 'Pizzería y Restaurante San Juan' (Calle de la Bolsa, San Juan del Sur, Nicaragua)
Recién regreso de unas espectaculares vacaciones en San Juan del Sur. Tuve la dicha de visitar este restaurante y comer las pastas. Pedimos en el grupo cuatro pastas distintas. El mismo Señor Italiano estaba cocinando. Considero ahí está el éxito. Son las mejores pastas que he comido en Nicaragua únicamente comparables con las que cocina mi amigo Rodrigo Córdova. Estas pastas son tan buenas que bien vale la pena ir hasta San Juan solo a comerlas. El rango de precio va de C$140 la bolognesa, a C$280 la Frutti di Mare. Bien vale el precio de esta última, tomando en cuenta que llevaba dos colitas de langosta y mucho mas.

2
mauricio

Lo se la musica es verdad. Le resta elegancia a cualquier lugar la musica a su cada quien. Es falta de educacion, ademas que abarata el lugar. tenemos que aprender a vivir en orden y respeto. necesitamos ser y tener un lugar de clase para que asi podamos cobrar y recaudar para beneficio de la sociedad. en este caso la ciudad San Juan del Sur. si queremos un alboroto similar entonces que ir a una cantina. Educacion senores, educacion.

1
Alvan dazbohrk

Muy bueno, no hay que tomarse la vida muy en serio ya que afecta la salud. Excelente Sr. Mas, prometo vistar la gelateria Italiana la proxima vez que este por SJ. Le deseo una vacaciones gratas y seguras.

Más en: Arte y Ocio

Otros artículos del mismo autor