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Sus territorios son invadidos por colonos del Pacífico

Los mayagnas luchan por sus tierras

Ya han muerto dos jóvenes mayagnas atacados por invasores de sus territorios.

Ismael López | 19/3/2013
@lopezismael

En el cementerio de la comunidad mayagna de Wasakin en el Triángulo Minero, los indígenas construyeron un altar para  Denni Penn y Wepster Mackenzie, dos adolescentes que se convirtieron en el 2010 en las primeras víctimas de la lucha por las tierras entre mayagnas y mestizos, habitantes del Pacífico que han llegado hasta las montaña a posicionarse de grandes extensiones de tierra, según denuncian los indígenas.

Penn y Mackenzie tenían 13 y 17 años, respectivamente. Ahora representan la sangre derramada que los líderes de la Nación Mayagna vinieron a denunciar a Managua buscando ayuda gubernamental para acabar con la invasión de tierras.

 Los dos adolescentes estaban llegando a su comunidad una tarde del 2010, cuando fueron atacados a balazos por colonos, con quiénes existían rencillas por la ocupación de tierras indígenas, según Hilario Poveda, un mayagna fornido que presume de su formación militar en el ejército sandinista en los ochentas.

“Vinieron a matar a estos  dos estudiantes. A otro le dejaron tirado —cuenta Poveda— a mí me dispararon, pero por mi formación militar no pudieron darme y supe esquivarlos”.

La vicealcaldesa de Rosita, Aurelia Patterson —una mayagna  aliada del partido regional Yatama compuesto por indígenas misquitos, eternos rivales de su tribu— dice que son cuatro los mayagnas caídos defendiendo tierras, y otro más que quedó en silla de ruedas.

Wasakin tiene más de 300 años. Antes de que existiera Rosita los mayagnas ya habitaban estas tierras. Para llegar hay que tomar una trocha desde Rosita y manejar 13 kilómetros hacia la montaña. Luego cruzar a pie un puente colgante e inmediatamente se llega a la comunidad considerada por la rama toasca de los mayagnas —los mayagnas mezclados con miskitos y mestizos— como la capital de su nación.

Son tres mil indígenas mayagnas los que habitan decenas de casitas apiñadas y de madera fina. Nadie tiene patios, ni cerca y menos verjas. Las 60 mil hectáreas que les corresponden a los habitantes de Wasakin, se la distribuyen según las necesidades de trabajar la tierra de cada familia, según Poveda.

“Actualmente —cuenta el líder mayagna—22 mil hectáreas de las 60 mil están ocupadas por colonos, que nos avientan balas, nos blanquean cuando queremos tomar posición de las tierras que eran de nuestros antepasados”.

Un problema eterno: la tierra

El problema de los indígenas para lograr un reconocimiento y titulación de sus tierras es eterno.  En el 2002 la Asamblea Nacional aprobó la ley 445 de Propiedad Comunal de los Pueblos Indígenas, que obliga al Estado a reconocer los derechos ancestrales sobre las tierras de 22 territorios indígenas. Nueve de estos son territorios mayagnas.

“De los 22 territorios indígenas, 20 están contaminados, afectados por la invasión de los colonos que cada día va aumentando”, dijo Brooklin Rivera, diputado misquito y presidente de la Comisión de Asuntos Étnicos del Parlamento.

Actualmente sólo falta que el Gobierno entregue títulos a dos territorios. Ya todas las comunidades mayagnas recibieron sus escrituras, según la gobernadora de la RAAN, Eveling Taylor, que integra la Comisión Nacional de Demarcación y Titulación de Tierras Indígenas (Conadeti).

Sin embargo, después de la titulación viene la más difícil de todo lo que ordena la ley: el llamado saneamiento, que equivale a la expulsión de aquellos mestizos que habiten en los territorios indígenas. Sólo podrán quedarse los que habiten desde los años ochenta en esas tierras o quienes lleguen a acuerdos de arrendamiento con los indígenas.

El Estado, según establece la ley, tiene que indemnizar a los mestizos que demuestren derechos sobre las tierras de los indígenas. Esto ha motivado una invasión sin precedentes de mestizos en busca de cazar indemnizaciones, según denunció en Managua Gustavo Lindo, vicepresidente de la Nación Mayagna, que demanda que el gobierno agilice la etapa de saneamiento.

Según Lindo, los invasores de tierras llegan de todas partes del país también a despalar, vender madera y a convertir bosques vírgenes en pasto para el ganado, poniendo en peligro así la Reserva de Bosawas, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y considerada el pulmón de Centroamérica.

En la comunidad de Miranda, en la zona de amortiguamiento de Bosawas, Confidencial encontró al Santos Navarrete, un mestizo de Siuna que cuidaba 257 manzanas de tierra para su patrón.

“Yo soy cuidandero, el duelo está en Siuna y se llama Alan Macrean”, dijo Navarrete. Los dueños de las 257 manzanas que cuida este campesino son los indígenas mayagnas de la comunidad de Mokuswas, según el título entregado por la Conadeti que muestra el síndico Pedro Orozco.

“Llegan ilegalmente a adueñarse, a posesionarse dentro de la zona núcleo, posteriormente realizan el despale y realizan las actividades agrícolas e introducción de más colonos y compra y venta ilegal de tierras indígenas”, cuenta Lindo.

Y precisamente las 257 que cuida Navarrete ya están en venta. Los líderes mayagnas han acusados en tribunales de Siuna y Bonanza a ocho mestizos por tráfico ilegal de tierras indígenas. Tres de ellos ya fueron sentenciados.

Ante la demanda de los mayagnas el Gobierno respondió con un Decreto que crea una comisión comandada por el Procurador Hernán Estrada y otras instituciones del gobierno, para comenzar con el saneamiento.

 

Venta de tierras

Los mayagnas se calculan en 12 mil en todo el país. La vicealcaldesa de Rosita Aurelia Patterson dice que el problema de la invasión de tierras es viejo pero que se ha intensificado en los últimos tres años. Esta mayagna de hablar rápido también menciona que muchos líderes mayagnas tienen culpa porque vendieron tierras ilegalmente a espaldas de la comunidad. Esto no es reconocido por ningún dirigente de la Nación Mayagna.

Un líder mayagna que pidió el anonimato, dijo que una de las acciones más preocupantes también es que se calcula que el 75% de los mayagnas sobreviven gracias a la venta de madera, 25% de la agricultura y 5% de la ganadería.

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