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Teólogo español Juan José Tamayo analiza dimisión del Papa: se vio desbordado

'No tengo expectativas en el cónclave'

Advierte que sin importar origen de elegido se va vaticanizar

Octavio Enríquez | 13/3/2013
@cabistan

Juan José Tamayo, de 67 años, es uno de los más reputados teólogos de España y uno de los más críticos, acaso, del Vaticano que en estos días vive la elección de un nuevo pontífice bajo la sombra de la dimisión de su antecesor.

Mientras faltaban pocas horas para que los creyentes estuvieran pendientes de la fumata tras las  votaciones de los cardenales, en entrevista con Confidencial, Tamayo se mostró en desacuerdo con la opinión de que Benedicto XVI renunció porque era un pastor rodeado de lobos en la Curia Romana.

El teólogo español repasa el poder que ejerció el Papa emérito desde 1977 cuando lo nombraron Arzobispo de Múnich, pregunta qué independencia podrá tener el elegido y plantea retos de la Iglesia.

¿Cómo se valora la renuncia de un Papa con un antecedente tan distante como decir 600 años?  

Creo que el motivo principal es porque se le han acumulado tantos problemas que no fue capaz de resolver y abordar, ni cuando era presidente de la congregación para la doctrina de la Fe, ni durante su pontificado de casi ocho años, que se ha visto totalmente desbordado. Y no ha podido hacer frente a los sismos. Cuando ha querido ha sido muy tarde.

En estos últimos días cuando anunció su dimisión, hasta que se hizo realidad, ha tomado medidas que debiera haber tomado antes. El problema yo creo que radica ahí.

¿Cuáles son los problemas, y esas medidas que ha tomado en sus últimos días como Pontífice?

Nombrar por ejemplo a un nuevo director del Instituto para las Obras de la Iglesia, enviar a uno de los colaboradores más directos de Tarcisio Bertone (Secretario de Estado) como nuncio a Colombia. Encargar el informe  a los tres cardenales, bueno, una serie de medidas,  una serie  de intervenciones, con un sentido muy crítico, pero todo eso lo tenía que haber hecho antes, porque de otra forma lo que ha conseguido es que creciera más la cizaña que el trigo en la Iglesia. Y  ese crecimiento ya es muy difícil de cortar.

¿Cuáles es la cizaña que usted percibe? ¿El punto de vista financiero,  el tema de los pederastas, está minando a la Iglesia actual?

Es una acumulación de problemas, muy graves todos ellos, en los que están implicados máximos dirigentes de la cúpula eclesiástica, y esa acumulación: o no se conocía anteriormente, o no se había producido hasta ahora. Estamos realmente en una nueva edad de hierro de la Iglesia Católica del Vaticano.

Mucha gente dice que Benedicto XVI está saliendo como víctima; que es un intelectual, tímido, que tuvo que alejarse de los lobos, ¿cuál es su criterio?

Eso que  está afirmando, o que dice que se afirma, no creo que responda a la realidad, más bien está muy lejos de ser real. Tenga usted en cuenta que Benedicto XVI lleva ejerciendo puestos de responsabilidad y máximo poder en la Iglesia desde 1977, que fue nombrado Arzobispo de Múnich, por tanto son ya, si no me falla la memoria y las matemáticas todavía me son benévolas, creo que son  36 años. Me sorprende lo que usted dice.

¿Cómo puede haber sido víctima si durante 36 años, cuando ha tenido en sus manos todo el poder siendo Arzobispo de Múnich en la Diócesis, mucho poder en el Vaticano siendo presidente de la congregación para la doctrina de la Fe, y todo el poder siendo Papa?

Porque claro, tenga usted en cuenta que el artículo primero de la constitución del Vaticano dice que el sumo pontífice detenta en su persona la plenitud de los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. No creo cómo usted puede preguntarme si después de todo esto, el Papa está siendo víctima.

¿A qué escenario se asoma la Iglesia con la presencia de dos Papa? ¿Cómo se ha resuelto en el pasado la presencia de dos pontífices?

Creo que no es comparable esta situación con ninguna anterior de los Papa que renunciaron, porque, entre otras cosas,  stricto sensu, creo que solamente se da un caso, como mucho dos, de papas que renunciaron libre y voluntariamente. Y ciertamente después no les prohibían. Este caso es diferente, porque no ha habido un Papa y un antipapa. No se ha producido ningún sismo, sino que él ha decidido libremente colocarse al lado. Pero yo pienso que detrás de esa decisión, hay también una estrategia de dejar preparado el terreno al sucesor para que continúe en la línea que él ha seguido en estos 35 a 36 años de gobierno en la Iglesia.

Por tanto, creo que la presencia de Benedicto XVI en El Vaticano, porque va seguir viviendo ahí, expresa esa idea de continuidad y al mismo tiempo de vigilancia hacia el nuevo Papa, porque creo que, como además, puede ser que resulte elegido un Cardenal nombrado por Benedicto XVI o Juan Pablo II, lógicamente será un Papa bajo control, bajo la vigilancia del anterior.

¿Siente alguna expectativa por el cónclave?

No tengo ninguna. ¿Qué expectativa voy a tener de la reunión de 115 príncipes de la Iglesia? Que no han sido elegidos democráticamente y que no representan a nadie, salvo a sí mismos para nombrar a un Papa que se considera representante de 1,100 o 1, 200 millones de católicos de todo el mundo, ¿no?  La expectativa la podría tener si el Papa elegido fuera el resultado de un proceso democrático donde alguna u otra forma participara toda la comunidad cristiana mundial.

¿Importa algo si es latinoamericano, si es europeo, asiático, importa la nacionalidad en el contexto que usted está viendo?

Debería importar, pero mucho me temo que si es latinoamericano, asiático, africano, entonces enseguida se va romanizar, se va europeizar, y se va a vaticanizar. Por eso las expectativas son mínimas. Lógicamente si el proceso de elección fuera democrático, claro que importaría mucho, porque sería la responsabilidad de una persona que ha sido elegida por toda la comunidad católica.

¿No siente usted que está siendo demasiado duro con la Iglesia, muchos católicos de los que creen en los cardenales podrían decir que usted es demasiado crítico?

No. Pero yo utilizo la racionalidad sociológica, de un análisis que refleja la situación actual de la Iglesia y la actual correlación de fuerzas, no sé dónde está la dureza. Si el rigor en el análisis es dureza, pues un problema en la utilización de los términos y es su responsabilidad y no la mía.

Los retos de la Iglesia

Juan José Tamayo dirige la cátedra de teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III de Madrid.

Según él, la Iglesia  debe afrontar estos retos: Un cambio estructural en la Iglesia, tanto de los miembros como en la cabeza.

Buscar además una democratización inclusiva de las mujeres que son excluidas y marginadas y además “son mayoría silenciosa y silenciada”.

Otro punto es la revisión de temas como el matrimonio de los sacerdotes, la ordenación de mujeres, así como un cambio a fondo en la doctrina moral. “Todo lo que tiene que ver con el origen de la vida, la sexualidad, con la comprensión de la pareja”, dijo Tamayo.

Tamayo describe a la Iglesia Católica como colonizada, romana, vaticana, europea que debe ubicarse en cada contexto en que vive

“(Debe) Renunciar a poseer la exclusiva de la verdad y renunciar a considerarse el único camino de salvación”, añadió.

El experto dice que el diálogo interreligioso debería ser otra prioridad, así como la comunicación entre culturas. La desdogmatización también es otro cambio necesario, una que impida que cualquier disenso de la doctrina pueda implicar ex comunión o suspensión a divinis.

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